martes, 28 de febrero de 2012
LA SILLA por Daniel E. Greco
La silla
-Menos mal que trajimos la silla, Dani -dice mi vieja cargada de paquetes con los regalos que vamos a llevar de vuelta a Rosario, principalmente el ejemplar geológico típico de La Falda para mi jefa y un llavero de gauchito para mi jefe en agradecimiento a esa dedicatoria ininteligible que me estampó en mi ejemplar de “Fruta” cuya presentación presenciamos en “El café de la Rosa” allá en Rosario, una noche turbulenta de algarrobos voladores:
Para Dani:
con todo el amor del chimurri
Fede “
-Si no, no hubiéramos podido hacer todo este trayecto buscando regalitos por la avenida principal de La Falda; caminando con el bastón, vos hubieras traspirado la gota gorda, hijo, y en 10 minutos hubiéramos hecho una cuadra. En cambio así... -dice alborozada, empujando el artefacto transportándome cómodamente sentado.
“Después, a la tarde hay una excursión a...”Las cavernas del indio muerto”... no sé, pero nosotros no vamos; a la siesta nomás, nos cruzamos a la pileta de natación de enfrente del hotel y yo tejo y vos nadás un rato.
“Ahora... Yo te voy a pedir una cosa, Danielito... -se pone seria- No te alejes tanto del borde ni te arriesgues a no poder volver sino esta chica morochita que está de guardavidas... ¿Natividad se llama?... te tiene que ir a rescatar y a mí me da calor... No sé... - hace una pausa como buscando las palabras y por fin se decide
-Yo no te crié tan degenerado.
-Es que, cuando yo me alejo del borde, después ingurgito, trago agua y me hundo, no puedo volver, no lo hago a propósito- y pienso (...”y su pelo huele a goma de mascar”)
-Después ella te cruza la avenida principal lo más tranquila. Tuvimos suerte en conseguir este viaje relámpago a la Falda por los jubilados, la gente del contingente es divina... Un día podemos ir a ese ciber que me dijeron para que les mandes un mail a tus amigos... La estamos pasando bien, hijito ¿no?
-Si má... -digo distraídamente- y le doy una mirada general al paisaje serrano desde mi punto de observación con ruedas.
Estamos circulando sobre un promontorio un tanto sobreelevado, paralelo a la avenida principal de dos manos a la cual a la que vemos un poco lejana allá abajo por la perspectiva. No obstante, la bajadita no parece tan pronunciada e invita a arriesgar un cruce de la avenida principal, así directamente, sin dar vuelta la silla de ruedas para bajar los cordones como hacen los enfermeros, sin calcular la aceleración que le puede imprimir a la silla en movimiento esa bajadita endiablada, la dinámica del momento, la física, la ley de gravedad...
Yo tampoco lo pienso... No sé... Mucha inconciencia. Mucha imprevisión. Newton nos hubiera mandado a marzo.
-Acortemos camino, vayamos acercándonos despacio a la avenida ¿querés, Dani?
Yo no contesto pensando tal vez todavía en la goma de mascar y ahí vamos.
No sé. De golpe la silla se descontrola y entra a acelerar como uno de esos carritos chocones del Parque Independencia. Finalmente, parece tomar vuelo propio y se suelta de las manos de mi madre.
Y de golpe, me encuentro bajo ese sol tibio serrano viajando en una silla de ruedas descontrolada, a 70 kph, escuchando los pedidos de auxilio desesperados de mi madre, hacia una avenida de dos manos con automóviles que circulan raudos hacia un destino indeterminado.
Ya llegando al cordón, me imagino algún automóvil colisionando con la silla solitaria que me transporta, yo volando por el impacto como un muñeco desarticulado y se me ocurre un último pensamiento triste, desubicado y final como
(“¡Mirá, mamá, sin manos!”)
Por suerte, antes de llegar, un par de señoras detienen la silla, haciéndola derrapar hábilmente sobre la calzada.
-¡Ay, señora, qué susto! Por suerte yo tenía que cuidar a una tía mía muy enfermita, pobre, y algo me acordaba cómo manejar una silla!
Yo, todavía semishockeado, no se me ocurre mejor idea que seguir con los pensamientos tristes y desubicados y estoy por preguntarle a la señora
-¿Y después qué pasó?
pero me detengo a tiempo.
Agradeciéndole profusamente a la señora, decidimos continuar por la misma vereda, sin cruzar la amplia avenida.
Calculo que, antes de volver demudados al hotel, cruzando esa bendita avenida como es debido vamos a pasar por esa farmacia que, un día descubrimos que estaba ahicito nomás, enfrente del hotel.
Calculo que a comprar un frasco tamaño familiar de “Nerviocalm gotas”.
Daniel E. Greco
jueves, 23 de febrero de 2012
PASION SIN CONTROL por SUSANA RADIA
Creo que soñé verte acurrucado
besándome.Enredándome en tus manos,
fuertes, vibrantes.
Ese sueño, en el cual girábamos,
reíamos y tejíamos frases,
incomprensibles para los demás
que solo nosotros entendíamos
en ese idioma casi brutal.
Era un mar de caricias y besos.
Un incontenible sudor me
recorría el alma, y solo
pude amarlo, fagocitándonos
el uno con el otro.
No podíamos detenernos,
necesitábamos de ese néctar tan nuestro.Nos recorríamos para
grabarnos ese mapa,
humano
de jadeos y amor descontrolado.
Quedábamos sin aliento
sabiendo que era tan nuestro,
ese volcán de pasión,
ese deseo voraz, que
no queríamos verlo concluir.
De todo aquello quedo un amor,
que transpuso todos los límites.
miércoles, 30 de noviembre de 2011
PRESENTACIÓN DEL LIBRO DE DANIEL GRECO- ANÉCDOTAS DE CASABLANCA
LECTURA DE FEDE TINIVELLA
LECTURA DE ALEJANDRA RIOS
DANIEL GRECO JUNTO AL TITULAR DE LA EDITORIAL CIUDAD GOTICA
LECTURA DE ALEJANDRA RIOS
DANIEL GRECO JUNTO AL TITULAR DE LA EDITORIAL CIUDAD GOTICA
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Z- Actividades y eventos
jueves, 24 de noviembre de 2011
Presentación de Poliedros- fotos del grupo- 3ra parte
Marcela, Graciela, Sergio, Mila, Ma Cristina y Hugo
Marta, Fabricio y Graciela.
Daniel Ifran, Graciela y Mercedes
Laura Ciccerone (cantante) y Fabricio Simeoni-(coordinador-poeta-periodista)
Marta Lastra, Felipe Antoniosa, Victor Garcia y Sra.
Raul Giovagnoli, Laura Ciccerone, Alejandra, Mabel, Mercedes y nuestro Coordinador: FabricioMarta, Fabricio y Graciela.
Sergio, Nati y Felipe
Sergio, Nati, Lian, Mila, Graciela, Felipe y VictorDaniel Ifran, Graciela y Mercedes
Graciela, Mila y Ma Cristina
vista gral del publico asistente
martes, 22 de noviembre de 2011
FOTOS 2DA PARTE, PRESENTACION DE "POLIEDROS"
sábado, 19 de noviembre de 2011
PRESENTACION DE "POLIEDROS" 12 DE NOVIEMBRE- DISTRITO NOROESTE- FOTOS 1RA PARTE
"SAIDEIRA" NOS ACOMPAÑO CON SU MÚSICA Y LA VOZ DE LAURITA CICCERONE
PALABRAS DE NUESTRO COORDINADOR: FABRICIO SIMEONI
MESA DE LECTURAS: ALBERTO V. GARCIA- MARTA ELENA LASTRA Y MILA FILAS
FELIPE ANTONIOSA
ELENA ARNE
MILA FILAS
MABEL DIAZ
MARÍA CRISTINA BOERI
SUSANA RADIA
ALBERTO V. GARCÍA
DANIEL E. GRECO
SERGIO STEGMAYER
ALEJANDRA RIOS
jueves, 17 de noviembre de 2011
Anticipo libro "POLIEDROS" Antología del Taller Literario "Los Lanzallamas"
Hoy: FABRICIO SIMEONI
con esta selección damos por terminado el anticipo de los textos publicados en el libro "POLIEDROS" disfruten de ellos.
Poema de la rigidez
Terso el sorteo se ramifica
en la curvatura de un oxímoron
y le devuelve al esqueleto el diván
escalofrío del silencio que paraliza
a mi madre en el mismo cuello
que le dio el responso de ortopedia
su sanidad en las balizas imaginarias
de impacto y vértebra.
Poema de la oxidación
El condominio celular resiste
ante el influjo transeúnte del alegato
que configura la arruga como prefijo
pávido de las cosas físicas.
Una defensa estrangulada a los sentidos
distantes del espacio allanado
sanciona la causa menos creíble
imputando a las cosas muertas.
Anticipo libro "POLIEDROS" Antología del Taller Literario "Los Lanzallamas"
Hoy: GRACIELA ZECCA en El regreso a casa
Cruzó en silencio el oscuro paraje. Los sonidos de la noche lo sorprendían. No tenía miedo sino curiosidad.
Unos cuantos metros más adelante enormes médanos eran el pasaje hacía otro aspecto geográfico del lugar.
El aire se sentía enrarecido le costaba trabajo respirar normalmente. Caminó sin tener noción del tiempo, a ciegas porque nada alumbraba su camino.
Se sintió solitario, demasiado confundido quizás. Aunque desde el principio supo que estaba destinado a cumplir la misión. Los otros estarían orgullosos de ser ellos elegidos para tal fin. Tenía que demostrarles que no se habían equivocado con él.
El frío del desierto le hizo disminuir los pasos. Buscó cobijo en vano. La arena lo cubría todo hasta entorpecerle la poca visión reinante.
Decidió quedarse guarnecido en medio de unos médanos de poca altura. Al menos era una solución aparente.
Cuando despertó sintió arena hasta en lo más profundo de su boca. Volvió a tener la sensación de ahogo. Tosió fuertemente varias veces seguidas. El aire fresco volvió a circular por sus pulmones.
Prosiguió la marcha una noche más. Ya seguro de estar en el lugar indicado según las coordenadas geográficas que marcaba el aparato digital que llevaba en la muñeca. Había estudiado minuciosamente el recorrido, ya que después tendría que volver sobre sus pasos para huir en el vehículo que lo había trasportado a kilómetros de ahí.
Allí lo aguardarían. Acercarse más implicaba el peligro de ser descubierto.
Cuando llegó al monte el cielo era plomizo, como de duelo.
Su reloj marcaba las tres pm. del viernes siete de abril.
Escondido tras unas rocas pudo divisar un pequeño ejército que contemplaba las tres ejecuciones llevadas a cabo.
Los refucilos alumbraban las tres siluetas recortadas en la lejanía. El silencio lo inundaba todo para dar paso al grito del cielo que clamaba su desconsuelo.
Cuando los soldados se retiraron, un grupo reducido se acercó a uno de los ahí colgados. Un hombre procedió a bajarlo y cubrir su cuerpo con un manto de lino. Ya no tenía dudas, ese era el hombre que debía llevarse consigo.
Esperó pacientemente, aún no era su turno de entrar en acción. Sigilosamente y sin ser visto persiguió a los que se llevaban el cuerpo sin vida hasta una cueva, la cual taparon luego de su salida con una piedra. Apostados en la entrada quedaron dos soldados con mantos carmesí, a los que durmió lanzándoles gases paralizantes para luego entrar sin ninguna dificultad, aún a pesar de la roca.
Ya dentro de la cueva contempló el cuerpo tapado. Sacó de una bolsa que llevaba consigo unos aparatos que conectó al muerto.
Pocos segundos después sus ojos se encontraron. Dos océanos azules lo miraban sin murmurar palabra alguna. No necesitaban hacerlo, cada uno sabía exactamente los pasos a seguir.
Le dio ropa para cubrir el torso semidesnudo y maltratado. El olor a sangre invadía el ambiente.
Antes de salir del lugar, el de ojos azules le tomó las manos y le dio las gracias.
Sintió la vibración en todo su cuerpo y una luz blanca comenzaba a brillar alrededor de ellos. Estaba satisfecho había recuperado a uno de los suyos.
Ahora el camino seria largo, atrás dejaron el Gólgota y las tres cruces que la luna alumbraba como única testigo silenciosa del regreso a su planeta.
Anticipo libro "POLIEDROS" Antología del Taller Literario "Los Lanzallamas"
Hoy: HUGO D. SELETTI en 314 Escalones
Cientos de escalones habían pasado debajo de mis pies, podía ver hacia adelante muchos más, una escalera infinita, sentía curiosidad, sensación de gozo al poder descubrir qué me esperaba.
A mi izquierda y derecha, ésta se extendía sin fin.
Subí muchos escalones, y de pronto, cuando esa neblina que no me dejaba ver hacia adelante comenzó a disiparse, ya sin peldaños por delante, descalzo, sentí la tibieza de la madera, y luego la suavidad de una arena fresca, que se me colaba entre los dedos.
Cuanto más caminaba, la neblina se hacía menos densa, hasta que desapareció. Estaba parado frente a un mar de verde intenso, el cielo de celeste furioso, apenas manchado por nubes aisladas, redondas como la luna llena.
Volteé mi mirada buscando la escalera, y en su lugar, había una tupida selva, giré hacia todos lados, sólo selva, arena y mar, ni un ruido, nada, del mar no llegaba el ronroneo de las olas, de la selva no venía canto alguno, tampoco sentía la brisa golpear mi cuerpo.
Empecé a caminar hacia el mar, quería tocar ese verde intenso, sentir su calor. A mi paso iban surgiendo desde la arena unos seres extraños, tenían dos inmensos ojos, redondos como platos, que le daban un aspecto simpático y gracioso, sus cuerpos eran cilíndricos. Cuando me quise acercar se hundieron en la arena, que se deslizaba sin dejar huella alguna.
Al llegar al mar, pude caminar sobre él, aparecieron peces que rodaban sobre el agua. Eran de colores intensos, brillantes y algunos pastosos, sus formas pasaban desde un rombo, a círculos y a cuadrados, con alas que parecían ruedas.
De repente, empezaron a volar aves sobre mi cabeza, me hacían un juego de recibimiento, dibujaban piruetas en su vuelo y se tiraban en picada a la arena desapareciendo en ella, pero apenas desaparecían empezaban a surgir nuevamente los cilindros ojudos, y detrás de ellos pelotas con dos patas cortitas y una boca que cubría todo su ancho.
El mar empezaba a agitarse. Las olas corrían en zigzag y sobre ellas delfines patinaban hasta llegar de panza a la arena.
Desde lejos vi venir un majestuoso carro conducido por una hermosa mujer, tirado por ocho caballos blancos de crines doradas, lo acompañaban dos aves con alas inmensas, que desplegadas, superaban los dos metros, guiándolo por el sendero entre la arena y el verde de la selva. Ellas llegaron antes y se pararon con sus alas tocando el suelo haciéndole guardia al carro que estaba por arribar.
Ella, me invitó a subir. Viajamos por mucho tiempo, sin tocar el piso. Los caballos trotaban a más de veinte centímetros de la arena, sus ruedas giraban tan velozmente que los rayos no existían y parecían dos aros suspendidos en el aire. Era hermoso, de repente me di cuenta de que la bella mujer que lo conducía no estaba, que sus riendas se mantenían erguidas como si alguien las sostuviera, pero no había nadie. Empecé a tener miedo. El mar seguía a mi derecha y la selva se mantenía a mi izquierda, por delante se confundían, era la misma sensación que en la escalera.
Me recosté sobre el sillón mullido de plumas y almohadones de muchos colores, miré ese cielo de celeste extremo, me dejé llevar por el placer, y me quedé profundamente dormido.
Presentación del libro de Daniel Greco- Anécdotas de Casablanca
FELICITACIONES DANY, UN LOGRO MAS DE UNO DE NUESTROS COMPAÑEROS DEL TALLER!!! ÉXITOS Y AHÍ ESTAREMOS!!
Anticipo libro "POLIEDROS" Antología del Taller Literario "Los Lanzallamas"
Hoy: DANIEL SEISAS en La verosimilitud
El mayor grado de verdad al que pueden aspirar las ciencias humanas… ¿y qué?
¿No es verdad lo que digo? O, por lo menos ¿No es verosímil?
Disculpen estimados lectores (no sé por qué los estimo, ni sé si los estimo) por el tono un tanto chocante del título, lo que pasa que hace rato ya que siento que las ciencias humanas me mienten, y cada vez que expongo mis fundamentos me trenzo en discusiones que ¡Mama mía! Hasta me he agarrado a las piñas. Por eso es que estoy un poco a la defensiva y me parece que ese “¿y qué?” al final del título está de más, pero ya lo escribí. Yo sé que se puede borrar, corregir, porque no es como cuando escribías a máquina que te confundías y tenías que tirar la hoja. Ahora lo seleccionas, le das al supr y listo. Pero la verdad es que no quiero borrarlo porque estoy caliente todavía. Y no estoy caliente con los capos de las ciencias humanas, qué sé yo… Freud, Marx, Pavlov, Levi Strauss, Wrangler, Durkheim, Darwin… No. Con ellos no, sino con los perejiles que los defienden porque se piensan que uno no es capaz de entenderlos, y te los explican. Y te los explican mal. Los tipos estos, los caporale, estaban convencidos de lo que decían, del resultado de sus investigaciones, de sus inventos y de sus aparatos conceptuales, así que les doy la derecha aunque… para mí, estaban equivocados. Y cuando digo esto, saltan los perejiles y te agreden, te tratan de ignorante, de facho, de zurdo de mierda, de positivista, de nihilista, de mormón, de maoísta, de peronista, y qué sé yo de cuántas cosas más. Pero no les doy bola. (continua)
(fragmento)
Anticipo libro "POLIEDROS" Antología del Taller Literario "Los Lanzallamas"
Hoy: MARCELA PROTO
Danzo con mis pensamientos, me entrelazo con el árbol de la vida, acaricio mis recuerdos y me sumerjo en la melodía que fluye desde el abismo del espacio, giro con el ritmo del canto de los pájaros y mi alma grita su sueño de libertad.
La angustia que la aprisionaba ya no se estanca en el centro de mi pecho. Sólo respiro y ella huye. Sonrío y sigo danzando con mis pasos calmos sin permitir que nada ni nadie me detenga.
Anticipo libro "POLIEDROS" Antología del Taller Literario "Los Lanzallamas"
Hoy: YESICA OLMOS en: El niño y el cuervo
Cruje el estómago, sus labios
agrietados y sus ojos húmedos
miran hacia el cielo y sueñan
con un hogar tibio y un plato de
comida; con una mirada desoladora
observa su pequeño cuerpo
que no logra sostenerse en pie.
No tiene su juguete, a mamá
se la llevó un ángel ayer, y
papá está enfermo casi sin
poder respirar; él sólo quiere que
su madre le cante una canción y lo
arrope entre sus brazos para ya no
sentir esa gran soledad.
Se asoma la noche, en ese
desértico lugar, el silencio lo
envuelve y mientras tiembla en
lágrimas, teme no volver a abrir sus
ojos mañana; la piel y el hueso
derraman su último respiro, el
pequeño cuerpo se derrumba en
el suelo, ya no se oyen los latidos de
su corazón guerrero.
Un ángel mece entre sus alas a su
pequeña alma, se la lleva a un cielo en
el que no habrá hambre ni dolor.
Un cuervo se posa frente a su
cuerpo, intentando romper su frágil
piel, un alma más que un ángel vino a
buscar; Dios tapó sus ojos e ignoró el
grito, y sólo abre sus puertas recibiendo a
esas inocentes almas.
Tantos niños que sufrieron una cruel
realidad, siendo que se merecían
toda un vida y mucho más; y ni estas
inútiles lágrimas, ni este profundo dolor
me harán entender los ojos ciegos de Dios.
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