miércoles, 15 de julio de 2009

CIUDAD 64 por HUGO SELETTI



CIUDAD SESENTA Y CUATRO

La ciudad estaba dividida como un tablero de ajedrez.- No había matices, sólo existía el blanco y negro.- Cada esquina estaba custodiada por una torre y a cada hora se escuchaban los cascos de los caballos blancos golpear sobre las piedras a paso seguro, sobre los limites de la ciudad Sesenta y Cuatro.-
Nunca se cruzaban con los caballos negros, quienes se encargaban del cuidado del centro de la ciudad.-
Muchos peones limpiaban cada manzana con una pulcritud que las hacía brillar.-
Sus casas eran cuadradas, sus techos alternaban entre el blanco y negro. Lo maravilloso, era ver como brotaba el humo negro de las casas blancas y el blanco de las negras, de esas chimeneas también blancas y negras.- Por ahí se veía a los alfiles discutir para abrir diagonales, pero eso sí, todos se movían con pasos seguros y tan pensados que nadie se animaba a revisarlos, la armonía era total; hasta que un día…algunos pretendieron colocar las manzanas blancas de un lado y las negras del lado opuesto.
Las torres ya no lograban ver a quien debían defender. Los caballos no tenían forma ni lugar para trotar. Los alfiles no podían abrir diagonales, y aquellos laboriosos peones empujaron las negras manzanas para un lado y las blancas para el otro hasta que la ciudad quedó separada por un pantano dónde el Rey y la Reina posaron su descanso.-

HUGO SELETTI

3 comentarios:

daniel eduardo dijo...

...una armonía que no se debía romper... maravilloso, hugo!

Torment@ dijo...

siempre dije q este cuento es maravilloso, no te quedes en él, hay mas para seguir escribiendo y q salga de tu cabeza loca.
adelante! besos

Anónimo dijo...

El negro y el blanco, importante manifestación de los opuestos y de las necesarias mezclas entre ellos. Equilibrio. Un imprescindible equilibrio, difícil de lograr, de mantener, sobre todo, si fuerzas y deseos externos intentan ejercer una manipulación tan coherente que parece ilógica. Los negros y los blancos… nuestras zonas claras y oscuras, mezcladas, clamando en un mismo grito por un poco de paz. Felicitaciones. Gregorio