Hacia 1924 reinaba en América
Latina un tufo de modernidad positivista no sin contradicciones hondas. Había,
por ejemplo, una literatura burguesa culterana y decorativista con los
Simbolistas -como en cierto creacionismo-, estremecida por las ráfagas de los
futuristas como en el Estridentismo5. Modelaba el “proyecto cultural”
latinoamericano un tufo de afrancesamiento rancio con sus estéticas hegemónicas
y un culto al saqueo “moderno” pleno de fiebres nacionalistas a destajo con
trabajo febril de los aparatos burocráticos serviles para ayudar a sanar las
heridas de los EE UU luego de su “crisis del 19”.
Hacía falta capacitación de
mano de obra esclavizada y hacía falta infraestructura moderna que facilitara
el saqueo de los recursos naturales. Algunas élites de intelectuales
advenedizos adoraban sus tareas modernizadoras mientras miraban, con nostalgia
de lo que no tuvieron, el mundo europeo francés. Ser hombre culto implicaba
hablar francés en tertulias bohemias... leer poesía francesa... un deleite
burgués en territorios coloniales y semi-coloniales. De espaldas siempre y en
contra de las Revoluciones que agitaba el continente entero desde 1910.
Y de Francia vino, paradójicamente,
“La Révolution Surréaliste”, que tomó tiempo en encarnar sus elixires malditos.
Viajaron a Latinoamérica primero con sus ideas y luego personalmente André
Breton, Antonin Artaud, Philippe Soupault y Benjamín Péret, Marcel Duchamp...
que no sólo trajeron la influencia de sus postulados sino que se llevaron el
sello indeleble de un continente que por sus realidades y sus imaginarios
prometía hacer del Surrealismo florecimientos magníficos de alcance
insospechado. Pero también el Surrealismo que vino, volvió a Europa cargado con
voces latinoamericanas... un ir y venir que tiene en su historia capítulos
fundamentales para comprender el presente del pensamiento Latinoamericano en
muchas de sus áreas fundamentales.
Es el caso de Julio Cortázar,
Octavio Paz, Alejo Carpentier... desde México hasta Argentina el humor rebelde
de los surrealistas trabaja sobre los hechos absurdos de la vida, de la
política, de la cultura burguesa. Y la influencia del surrealismo no se detuvo
ahí abrió un método transformador que contribuyó al fulgor de autores como
Pablo Neruda, Wilfredo Lam... Vicente Huidobro, Angel Cruchaga, Rosamel del
Valle, Braulio Arenas, Gonzalo Rojas, Teófilo Cid, Jorge Cáceres, Enrique Gómez
Correa, Humberto Díaz Casanueva, Carlos Latorre, Juan Antonio Vasco, J. J.
Ceselli, Julio Llinás, Francisco Madariaga, Olga Orozco, César Moro, Aldo
Pellegrini, Emilio Westphalen, Oliverio Girondo, Pablo de Rokha y Enrique
Molina.
Guatemala: donde se refugia Eugenio Granell cuando se ve obligado a partir de Santo Domingo, con su pasado maya. Carlos Mérida quien había expuesto en la exposición de 1940 en México comparte con Granell la militancia surrealista guatemalteca
Perú la primera exposición surrealista tiene lugar en 1935. Es la primera exposición surrealista latinoamericana. En ese país el Surrealismo está representado esencialmente por César Moro y Emilio Westphalen quienes organizan la exposición mencionada y, en 1939, publican el primer y único número de la revista El uso de la palabra. Más tarde, a su retorno de México, Moro publicará otra revista Las Moradas. CÉSAR MORO (1903-1956)
Uruguay en los años 60 aparecen dos revistas de inspiración surrealista Los huevos del Plata y Maldoror. En la primera se reproducían textos del grupo de Paris y algunas creaciones poéticas automáticas. La segunda fue fundada por Lucien Mercier, Profesor de francés y crítico de cine en el semanario de izquierda Marcha. Con esta revista el país que vio nacer a Isidore Ducasse, Lautréamont, le rinde homenaje a este gran inspirador del movimiento
Venezuela el Surrealismo
aparece tardíamente en 1968 con el movimiento plástico y poético El techo de la
Ballena que alcanzó una gran fuerza expresiva y militante. Este grupo surge, en
principio como una forma de acción política y poética. Cuenta entre sus filas
con Juan Calzadilla, y todos sus miembros mantienen hasta hoy intactos sus
principios surrealistas.

CESAR MORO: Fue un poeta y
pintor surrealista peruano. Tras una formación autodidacta firma su primer
trabajo, un dibujo modernista, en 1921 como "César Moro", nombre
escogido por él y con el cual a partir de ese momento se movería por el mundo.
Gran parte de su poesía está escrita en francés, durante su largo período de
estancia en París, donde se relacionaría con la plana mayor del surrealismo
francés, como André Breton y Paul Éluard.
En 1928 ingresa en el surrealismo y empieza a escribir poemas en idioma francés. En el periodo comprendido entre 1928 y 1934 continuará con sus actividades europeas tanto en el ámbito de la pintura pero sobre todo del de la poesía (Ces poèmes) y regresa a Lima a finales de 1933. En 1935 organiza con el poeta Emilio Adolfo Westphalen, la primera exposición surrealista de Latinoamérica, en la Academia Alcedo de Lima.
Regresa a Lima en 1948, año en que fungió como profesor en el Colegio Militar Leoncio Prado, donde fue maestro de francés del novelista peruano Mario Vargas Llosa. En 1955 culmina una de sus obras principales, Amour à mort. El 10 de enero de 1956 muere víctima de leucemia.
En 1928 ingresa en el surrealismo y empieza a escribir poemas en idioma francés. En el periodo comprendido entre 1928 y 1934 continuará con sus actividades europeas tanto en el ámbito de la pintura pero sobre todo del de la poesía (Ces poèmes) y regresa a Lima a finales de 1933. En 1935 organiza con el poeta Emilio Adolfo Westphalen, la primera exposición surrealista de Latinoamérica, en la Academia Alcedo de Lima.
Regresa a Lima en 1948, año en que fungió como profesor en el Colegio Militar Leoncio Prado, donde fue maestro de francés del novelista peruano Mario Vargas Llosa. En 1955 culmina una de sus obras principales, Amour à mort. El 10 de enero de 1956 muere víctima de leucemia.

ALDO PELLEGRINI: Aldo
Pellegrini (Rosario (Santa Fe) 1903 – 1973), poeta, ensayista y crítico de arte
argentino.
Dos años después de la publicación del Primer manifiesto surrealista de
André Breton en 1924, fundó junto a sus compatriotas argentinos Marino Cassano,
Elías Piterbarg y David Sussman el primer grupo surrealista de Sudamérica en
Argentina, que desemboca en la publicación de dos números de la revista Que en
1928.
También fue fecunda su amistad con su colega en poesía Enrique Molina.Pellegrini participó en la creación y edición de las revistas Ciclo,Letra y Línea,A partir de cero. Su importante obra poética fue reunida en un volumen bajo el título La valija de fuego, publicada por la Editorial Argonauta en 2001.
En el terreno de las artes plásticas desarrolló asimismo una destacada labor como teórico e infatigable portavoz de los primeros artistas abstractos de la Argentina, publicando innumerables artículos en revistas especializadas de arte. En 1967 organizó en el Instituto Di Tella la importante muestra Surrealismo en la Argentina.
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