domingo, 10 de agosto de 2008

Me asusta la jaula que se come al pájaro, por Alejandra Ríos


Una jaula, un pájaro
Cien jaulas, cientos de pájaros
Un millón doscientos veinte mil pájaros enjaulados
Millones de pájaros en jaulas

Allá va otro, otro pájaro
Hay dos más que vuelan
Cerca de mi cabeza
Van cantando
me asusta la jaula que se come al pájaro
ahí viene otra jaula
arrastrando el ala
bajo el sol de la tarde
viene trayendo, o llevándose
otro mas, otro pájaro

queda uno
y trina
alegre trino
es un trino de amor
libre
el púber
canta
mañana habrá caído
en la vieja costumbre
del rubro clasificados

yo conocí varios
varios pájaros
que bromeaban entre sí
a ver a ver quien vuela mas alto
y, se cagaban de la risa
también conozco la jaula
amante de esos pájaros
es una jaula redonda
golosa como el mundo
la puerta de su boca
da al cuarto
donde la loba tritura la carne
para el lobito.

martes, 5 de agosto de 2008

El jardín, por Cecilia Muñoz




El jardín desea ser visto. Tiene una fuente donde el agua no deja ver su ancestral transparencia. No hay flores, en su lugar muchas plantas verdes intentan una unidad cromática aunque sin lograrlo. Una estatua se erige con vitalidad en el centro, tan sin vida que parece observarnos en su eterna belleza sin ojos. En el jardín que deseo ver hay hadas que no se muestran y nos murmuran al oído que allí están, con su aleteo fugaz dicen que nunca estamos solos realmente.
El jardín está encantado. Nosotros estamos fascinados con su encanto, de tal forma que esta fascinación hace que algo en él nos resulte casi abominable, sin que podamos abandonarlo en la soledad de lo inexistente. Allí hace un frío apacible que nos provoca un sentimiento incierto pero indudablemente presente. Son los pájaros los que vuelan al ritmo de las mujeres aladas y sin nombre, y cuando posan en cualquier parte su belleza nos resulta exagerada.
El jardín suena a violín. Su placentera armonía puede escucharse a medida que avanzamos entre las plantas, cuando sin querer nos enredamos en un laberinto que nos llega a los tobillos y así y todo no podemos evitar el placer de perdernos en él por un buen rato.
El jardín tiene un secreto innato: quizás no existe. Pero como no queremos hablar mas de él, para verlo necesitamos, al menos, (d)escribirlo.

domingo, 6 de julio de 2008

El paraíso, por Mercedes Lamas


Se dio cuenta de que su vida entera había sido una huida. Una huida de sí misma. No quería ser convencional. No quería ser igual a las demás. Aquellas señoras gordas o anoréxicas que tanto le fastidiaban; ocupadas tan sólo de las apariencias, del qué dirán, de sus pobres hijos y en último lugar el no menos pobre marido, al que había que tener siempre limpito y bien planchadito si no quería ser criticada, especialmente por la familia política.
Tampoco quería parecerse a esas mujeres liberales que de liberales sólo poseían el aspecto ya que tras de ellas siempre había un hombre que pagaba sus cuentas en boutiques carísimas.
No. Decididamente no era ella una liberal ni feminista. Era tan sólo una mujer que intentaba ser feliz. Pero lograrlo no era tan fácil ya que ella misma comenzaba negándose posibilidades.
Como si se tratase de un juego de azar, pensaba que no tenía en su haber el número o color que cambiase su destino.
Siempre dejaba que los hechos sucedieran. Ella no ayudaba nunca a modificar ese destino.
Tenía su cuarto un vestidor, revestidas sus paredes en madera de pino. Cierta vez le pareció escuchar voces humanas conversar. Pensó que eso no podía suceder no obstante había días en los que permanecía horas con el oído puesto en la pared del fondo del vestidor.
Cierta vez escuchó una música, que ella reconoció enseguida, pues no sólo se trataba de un tema conocido sino que además ella poseía un oído privilegiado. A veces escuchaba una voz áspera y cavernosa como la de Louis Armstrong, otras veces oía voces de mujeres. Las sentía felices. Reían y cantaban hasta ser casi inaudibles. Al principio creyó estar enloqueciendo . Así fue permaneciendo cada vez más tiempo en su cuarto.
Un día de lluvia comenzó su casi total encierro. Hacía frío. Cerró la ventana que daba al jardín y puso su oído derecho contra el fondo del vestidor. Escuchaba atentamente. Una pareja gemía de placer. Al principio sintió un poco de envidia. Quería amar. Necesitaba desesperadamente amar. Siempre había huido de los compromisos del amor. Sólo desnudaba su cuerpo. Era curioso ver cómo se excitaban los hombres con él. A ella la excitaban mucho más una espalda ancha, unas cejas tupidas, una mirada profunda. En sus relaciones había habido siempre sólo placer físico y nada más.
Ella quería ver las caras de los que gemían pues, con sólo mirarlas sabría si solamente estaban copulando o si en realidad se amaban.
Sabía que atrás de esa pared estaba lo que ella deseaba. Rompió las maderas del vestidor, rompió la pared de atrás y pasó al otro lado; la pareja salió corriendo. No pudo ver sus rostros, sólo sus cuerpos desnudos huyendo.
También vio una cascada y mucha vegetación. Pájaros de todos colores cantaban y embellecían aún más el lugar.
Se acordó del Paraíso terrenal, de Adán y Eva, del pecado original y de todo lo prohibido.
Dejó atrás su cuarto. Dejó atrás sus temores y fue hacia adelante, hacia su paraíso, sin mirar atrás. Su desaparición fue un misterio.
Todo estaba en orden. El vestidor estaba sano y un olor a bosque salía de él mientras una pluma amarilla yacía en el piso junto a unas hojas verdes...

domingo, 22 de junio de 2008

Perfil alucinante, por Alicia González

Ser mórbido de atribulada mente
que en noches de fúlgida luna
surgía desde cualquier sitio
y su reptar se convertía
en mil campanillas destempladas
y el aullar de los perros, laderos infaltables
sones dolientes que cruzaban el espacio
escalofríos despertaban en la gente
que hacían que hundieran sus cabezas
en almohadillares
que como tapones
atenuaban en los tímpanos esos aires
y siempre era una puerta la elegida
la de aquella niña
de esplendorosa imagen
que despertó sus sentimientos tempestuosos
y creyendo que eternamente la tendría
embalsamó su corazón
y la convirtió en pájaro.

domingo, 18 de mayo de 2008

DESDE ADENTRO (revista)

Escribimos siempre para alguien. Los otros aprueban o desaprueban lo escrito y componen nuestro mundo real frente a tanta inconsistencia.
Son como “sucursales” de uno mismo. Así se erige la construcción literaria inmersa en el espacio exterior “de uno mismo”, y entonces un taller es como un océano de naranjas pulposas desgajadas, que exprimidas en la tierra nos mancha.
Todo subyace bajo un título. Una palabra. Una frase. Espontáneo universo de los sueños. Espléndida maratón de las amarras. Recreo donde el alma expresa en libertad lo que la realidad diaria se empecina en ocultar. La expresión es una necesidad de todos, sólo que algunos encuentran el canal y otros se ahogan en sus propios talentos.
No hay vanidad ni afán de lucimiento, encontrar un camino de luz, quizás sueños de perpetuidad, esperanza de dejar alguna huella imborrable, orgasmo del espíritu.
Maravilloso mundo de letras que danzan en el pensamiento, una tras otra la mente las ordena concibiendo las palabras para gestar el verso que el cuerpo parirá, en poesía. Lugar donde la palabra dormida, sobre el papel, cobra vida propia.
Vibramos, transpiramos, planeamos, nadamos, pensamos…
Esta casa sin puertas ni ventanas, sin baños ni camas, sin cocinas ni empanadas, éste espacio es el habla. Habitamos en la literatura… esperando nacer.
Y en éste bastión está el adentro, reunión de imágenes auditivas, esclavizando el tiempo, quizás completando un libro de sucesos prodigiosos o en seducidas prosas de una verdadera tragedia como la de ésa bella flor que murió en primavera.


Descargar la Revista del Taller Literario

viernes, 18 de abril de 2008

El tiempo, por Cecilia Jacobo

Mi reloj

El mío.
Como cualquiera.
Como ninguno.
Marca.
Anda.
Exige cual tirano.
Entonces lo sigo.
No quiero pero debo.
Intento pero no puedo.
Está desde siempre.
Y es mi Dios que será.
Me apunta.
Me determina.
Segundea en el cuerpo.
Marca la huella cerebral.
Persiste dentro del alma.
Tic-tac; tic-tac; tic-tac.
¿Qué hora tendrá él para mí?.-



T odo amanece en el nuevo horizonte.

I rremediablemente el todo avanza.

E ntre innumerables ensayos y errores persiste.

M adura sin prisa y sin pausa.

P repotente choca con la curva final.

O caso de un todo: hombre que pretendía inmortalidad.

Cansera, por Daniel Ifrán

Recuerdo que llegaste tarde al taller... ¡como se puede vivir sin respetar los horarios! ¡Para colmo perderse!
Fue el reproche del inconsciente grupal.
Luego irrumpió el sueño vengador...
Las manos empuñan una palanca enorme, hace forzar al humano, gotazas de transpiración explotan del cuerpo, muslos, espalda y rostro escupen agua salada como los ojos empapados de diminutas bolitas dificultan la visión.
Venas moradas a punto de estallar, me esfuerzo para que el yugo gire sin que importe un respirar jadeante.
El cuerpo tirado hacia adelante se prodiga en extremo, el engranaje gigante no lo hicieron detenerse, labios resecos imploran agua fresca. Sin embargo, otra idea o pensamiento latente, hace olvidar momentáneamente ese infierno.
La prioridad está escrita en mente y cuerpo, mandato divino, el reloj no puede detenerse.
Constante y precisa tiene que ser la tarea.
Emulo a Sisifo, castigo sin piedad.
Empujo, giro, tracciono más allá de la muerte.
5' para comer, en 10’ te paso a buscar, 2’’ para salir a escena, pasaron 30’’ y no llegaste, pero 1 hora se murió, 20’’ besandonos, 18’’ tardar los rayos del sol, te matan 2’’ con una inyección letal.
Dos agujas enormes ensombrecen el mundo.

Ahí, por Norma Salinas

Ahí
en el espacio atemporal
cada pincelada vaticinando la calidez de los encuentros.
El esfuerzo sin esfuerzo, la sangre en puja por el proyecto; los
diferentes movimientos de los elementos, girando en el futuro,
ubicados en líneas armónicas dentro del cerebro ansioso.
Las palabras de sonidos alegres, gentiles, alentadoras...
y el olor de la pintura.
Allá afuera todo sigue su curso, quizás nadie puede sospechar que
dentro del recinto con tachos, maderas, polvillo, trapos por olor a tiner,
etc., etc.. Vive un bellisimo sueño.
Un sueño lleno de poesías, versos, cuentos, mate, emociones y
experiencias.
El boceto en blanco negro de otros tiempos, la palidez, comienzan a perderse en el pasado y la pequeña lámpara frotada por más humanos de los que conservan la esperanza, amasan con tenacidad el maravilloso mundo de los sueños.