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jueves, 8 de julio de 2010

NADA por CRISTINA ZAMORA

“NADA”


No siento nada
no hay nada
solo vacío…oscuridad
soledad árida
sin sensación ,
como flotando
en un sopor de nubes
híbridas ….
desoladas de angustias
que gimen
plagadas de pena
paralizadas y pálidas .-

Me hunden .-

No tengo nada
ni sensación
ni miasma
ni resabio
ni reacción
ni miedo ….
nada …. Sólo nada .-

Me sobrecojo
trato de estirarme
y me sofoco yerto
vetusto y sombrío
con una vaga noción
de la nulidad de todo .-

¿ Porqué esta nada?
pregunto a la nada
y la nada se calla
emanando nada
me embebe de nada
me cubre de nada
me engaña de nada
me llena de nada .-

Me debato en esta nada
que me desacredita
que me desalienta
me desasosiega
que me desarraiga

y me tiene yacente .-

Y yo la reto
la desafío
con encono áspero ,
astuto , sagaz ,
gradual , fuerte ,
frenético y agresivo .-

Remonto con remembranzas
momentos vividos
que restauren
esta nada , que van
depurando la nada
y encuentro un
maravilloso deleite
en esta audacia aumentada
que va encendiendo
una Luz …. que refulge
cada vez más cercana ,
que sitia
y va corriendo
esta nada a un
légamo oscuro
abismal … apartado
profundo y tétrico
que la hunde en su veneno ,
derrocándola .-

Resurjo iluminado
como un Elfo triunfal
desde un túnel
brillante y cristalino .-

¡¡ Integro y Vivo!!!

viernes, 8 de enero de 2010

ALMA VESTIDA por Cristina Zamora (poema)



Te visité ese día en la cabaña
en la que tu morabas,
al pie de la montaña
en donde los días pasaban
con alados pies,
y bajo las copas
de los árboles
hacen sus rondas las ninfas.

Tú tenías el alma vestida
de los azahares que aroman…
la eternidad.

Te rodeaban el color
de todas las flores,
las alas de todas
las mariposas,
las tiaras doradas
de multitudes de hadas
y múltiples guirnaldas
de Arco Iris
con luces multicolores
encaramados en inmensas nubes.

Te ví escuchar la tenue
respiración de las aves,
mientras el agua del arroyo
se deslizaba a mi encuentro.
Y pensé que allí
el tiempo lento
caminaba con botas de humo
y suelas de espacio gris
dejando huellas que
las brisas volaban.

El sol guiaba sus caballos
hacia el camino de la noche,
y el viento iba trayendo
sus sombras
en el silencio que se mecen.
La montaña emanaba su paz
tus ojos dulzura derramaban
en mi cuerpo y …
me miraban con intensidad.

Comprendí que de ti,
ya nada me apartaría
pues la esencia
de mi pensamiento conmovido
giraba como el sueño
de una flor…adormecido.

Abrazada en los rayos
de mi amor
y con fuego de soles
encendidos
por nuestros besos,
en un fondo
violado del cielo
la luna soñaba
que la cigüeña la visitaba.

jueves, 26 de noviembre de 2009

EL SILENCIO por MA. CRISTINA ZAMORA


El silencio

Lo estoy escuchando
me envuelve con su paz,
su serenidad
llega a todos mis sentidos,
su armonía
calma mis pensamientos,
su quietud
se inserta en mi mente
                tranquiliza mi imaginación
su calma inaudible
                está a mi alrededor, imperturbable,
siento un íntimo
y límpido sosiego manso
que da tranquilidad
              a mi alma mística,
la modela y neutraliza.

Su moderación
imana notoriamente
            pulsaciones infinitas
que nutren mi médula
           con la pureza del cosmos
en el interior de mí
           finita morada serpenteando
en ella sosegándola

Él es bueno, es bello
           es…reconfortante.
Lo escucho, me rodea,
lo siento, lo huelo,
lo amo.

Me hace sensible, sensata,
simple, natural y sensitiva
           para poder gozarlo y disfrutarlo.
Escucho con él
           a todo el universo.

Es mi gran compañero…
          el silencio.

jueves, 15 de octubre de 2009

RECORDANDO EN EL VIEJO BAR EL CAIRO por CRISTINA ZAMORA


La noche en que viajamos por las rutas de San Luis yendo hacia Merlo, recuerdo que lloviznaba. A la mañana siguiente fuimos a la casa de doña Elena a saludarla, como viejos amigo.
Ella nos contó que cuando era joven bailaba tangos con su compañero y esposo en los Bares Distinguidos con muchos cortes, quebradas y firuletes.
Después nos dirigimos al centro de la ciudad de Merlo y estacionamos el auto frente a un local del Correo Argentino.
Luego fuimos a caminar y paseamos por las viejas y altas recobas muy antiguas. Al atardecer fuimos a contemplar el ocaso frente a un hermoso río de aguas cristalinas.
Mi esposa extrañaba el confort de nuestra casa, sus aros, zapatos de tacos altos, una flor en su mesa de luz y su linterna nocturna.
En la mesa del Bar El Cairo en la que nos habíamos sentado esa tarde, daba a una de las ventanas y entraba la luz del sol y en un impulso junté mis manos haciendo un juego de figuras con la luz y la sombra.
En la mesa vecina tomando un té con masas estaba una señora mayor muy linda y simpática que nos saludó sonriendo.
Volví a mis recuerdos y evoqué un hermoso paisaje de montaña, árboles y cielo reflejados en el agua del río o arroyo. Me acordé de cuando fuimos a conocer la Terminal de colectivos y vimos muchos autos estacionados en las inmediaciones y cercanías.
También rememoré de cuando era niño y viajaba con mis padres en tren, de las vías del ferrocarril, las viejas estaciones de los pueblos, y de una vez que ví un ramo de flores sobre durminetes.
De pronto me vino la imagen del Parque Independencia, el lago y sus hermosos y pintorescos puentes. En ese momento mi esposa tenía a nuestro hijito en sus brazos y con ambas manos sostenía su cabecita como si fuera una suave almohada.
Me llamó la atención dentro del Bar un lindo y colorido poster de una linda chica apoyando el rostro en el dorso de su mano debajo de una gran sombrilla celeste.
Contemplaba a través de la ventana, una antigua casa de la vereda de enfrente con la puerta del pasillo abierta por donde se podían observar departamentos también antiguos y macetas con plantas.
Ya terminábamos nuestros cafés con leche, y antes de retirarnos dimos otra emotiva mirada a ese viejo y querido Bar El Cairo por el que pasaron tantas generaciones y personajes ilustres del arte, las letras y la política.
(Cadáver exquisito con fotografías, trabajo de clases)

lunes, 31 de agosto de 2009

SOPLO DE AMOR poema por Cristina Zamora


Sobre la arena cálida, tendido
miraba una estrella solitaria.
Un viento cordial traía aromas
del huerto de mis penas y alegrías.

Recordaba tu voz…
con la suavidad del ruego
vistiéndome en el hastío
del insomnio del amor
donde el vago resplandor de una luna
daba a mi piel semi-bronceada
la fresca palidez de un nardo.

Un dulce soplo de amor
dejó tu falda aquella tarde
en la que viste mi corazón mendigo
inquieto, tembloroso…, tímido
las nubes pasaron volando
y el sol puso hebras de luz en tus cabellos.

Desde el fondo del arcano
se alzó mi alma desolada
como una brisa vagabunda
huyendo de las tinieblas blancas,
y las hojas mudas testigos
de tu mirada opalina en mí fijada
se ocultaron detrás del sauce que lloraba.

tendiste tu mano
para quitar los despojos
que un viento inquieto
los fue llevando…,
y llegó el sol de la esperanza
a mi conciencia con tu gesto.

Quedó mi corazón de tu perfume habitado
deseé poner a tus pies ramos de acacias,
reunir los besos que te traen las mariposas
ser mirada que no se acaba,
y hacer que las estrellas para ti nevaran.

Y en la aún incierta lumbre de tu alma
entre los soplos del aura
sentí la atracción que de ti emanaba
y llenaba el aire,
me así de ti como si fueras música
y los nardos de angustias
dejaron de gemir.

miércoles, 15 de julio de 2009

MAJESTUOSO VUELO por CRISTINA ZAMORA


Volé tan alto y libre como el Cóndor
contemplé las nubes nevadas
los nidos de esas aves en los riscos
cerros que allá en lo alto se quiebran.
Volcanes dormidos esperando su hora.
La inconmensurable belleza
de las altas montañas
llena de colores irisados
cuando el sol se ponía entre jirones de luz.

Vi las copas de los árboles abrirse
abrazando a la aurora
y deseaba ser luz para poder tocarlos
terminar de despejar la bruma de la noche
hacerme viento helado
y acunarlos con un canto
ellos se erguían altivos y majestuosos
les pertenecía el paisaje
como el aliento del tiempo.

Planeaba en las latitudes de aquella altura
rasando las rocas por el viento modeladas
descubrí el regocijado palpitar en sus cañones
observé el movimiento en caminos estrechos,
inmensas lagunas,
pueblos de brujos y chamanes
con ceremonias y rituales antiguos.

Los valles en abanicos de colores insertados
por fuegos de flores mecidos en el silencio,
con manantiales de aguas cristalinas
dispersadas en altas cascadas
de vertientes espejadas dibujando cielos.

Y volé, volé … volé … y volé…
un viento claro soplaba
y mi vuelo era sereno, era audaz,
era veloz, era valiente, era gallardo,
era orgulloso, era seguro y trastocado,
todo lo veía de pronto lejano
de pronto cercano.

Recorrí la cordillera
junto a una nube irracional,
de norte a sur de sur a norte,
crucé los puentes y las longitudes.


Los fantasmas de sus cuevas
salieron a saludarme
me dieron sus sortilegios
encontré ocultos tesoros arcanos,
con mirada ciclopea
oro, plata, sal, cobre,
esmeraldas, diamantes y rubíes
palpitando en sus entrañas.

La sabiduría milenaria enclaustrada
oculta en viejos arcones toscos
y estrolados por los vientos
que les clavaron sus colmillos
fuertemente en ellos.

El sol subía al cenit.
Cansado ya de volar
paré en uno de los picos
de esas cumbres.
Esperé el viento del sur
que llegaba suavecito
me dejé llevar por él
hasta el pie de esa montaña
y allí quedé a su planta eternizado
en un gran espíritu guardián
lleno de luz.

Cristina Zamora

miércoles, 10 de junio de 2009

EQUIPAJE (poema) de CRISTINA ZAMORA



EQUIPAJE

Tomo mis cosas y salgo a caminar.
La noche se abre como un abrigo,
hago coronas del humo de mi cigarro
dejo crecer la noche en la ciudad
que duerme.

El viento vacía sus brisas en mí.
Creo que mi equipaje es de ceibo y jazmín,
pienso en tus ojos azules como el alba
sigo tus huellas tenues en las veredas mojadas
regadas por el rocío.

Voy buscando en mi memoria
tus manos y tu boca, que me acunan,
me queman y me cantan.

Cristina Zamora.