lunes, 6 de julio de 2009
DOS JOVENES POETAS- TAMARA Y MIGUELITO
HEMOPOEMA de DANIEL E. GRECO

Mi sangre, la sangre pesada
Mi sangre, la sangre elogiada
Mi sangre –escribo en la almohada-
Es la sangre de la masticación pausada
Y que no asciende su rosado a los pómulos
Por su misma opacidad indoblegada
Es sangre oh sangre negruzca
Que emerge de venas tironeadas
Es sangre de sangre enredada
En cauce de terrón coagulada
La sangre que al verse caldeada
Asciende en humillo entintado
Manchando los muebles de casa
Sangre que golpea el papel
Y al desembozarse escapa
Sangre adensada en el sueño
Y en su imagen, metamorfoseada.
Daniel E. Greco
sábado, 4 de julio de 2009
1293 MANERAS DE CALIFICAR, DECIR Y ACCIONAR (poema) GRACIELA ZECCA

Acobarda, induce, sosiega,
planea, reduce, examina,
proyecta, mitiga, disimula.
Acopia, disminuye, aminora,
recapacita, comprende, intenta,
reflexiona, medita, junta.
Aprecia, blande, experimenta,
siente, concibe, rescata,
suspira, apaga, une.
Acorta, conduce, percibe,
alcanza , tolera, consigue,
alumbra, suplica, reúne.
Adora, logra, despeja,
ambiciona, quiere, encanta,
abriga, suspira, anima.
Apega, reanima, protege,
excita, suaviza, apoya,
escuda, aboga, cobija.
Anexa, templa, aspira,
socorre, ensancha, ansia,
suma, considera, augura.
Anhela, valora, estima,
alienta, presagia, indulta,
aprecia, adapta, ama.
Arrasa, destruye, prohíbe,
consume, reprende, extingue,
concluye, disipa, desgaja.
Aparta, oculta, separa,
despoja, suprime, abate,
desconsuela, hiere, roba.
Aflige, acongoja, arranca,
extirpa, desarraiga, extermina,
esparce, desgasta, descuaja.
Apena, resiente, percibe,
conmueve, oprime, persuade,
cansa, musita, repugna.
Apesadumbra, fastidia, encubre,
desecha, supone, juzga,
desvanece, restringe, hastía.
Aburre, disfraza, secciona,
embauca, rebaja, tapa,
enjuicia, ciñe, mutila.
Aleja, dictamina, sentencia,
condiciona, provoca, lastima,
coarta , manipula, condena.
Agota, utiliza, cercena,
entierra, deroga, recata,
esconde , resiente, amputa.
Apremia, redime, subleva,
desune, odia, arrasa,
duele, carcome, roe.
Acobarda, induce, sosiega,
planea, reduce, examina,
proyecta, mitiga, disimula.
Acopia, disminuye, aminora,
recapacita, comprende, intenta,
reflexiona, medita, junta.
Aprecia, blande, experimenta,
siente, concibe, rescata,
suspira, apaga, une.
Acorta, conduce, percibe,
alcanza , tolera, consigue,
alumbra, suplica, reúne.
Adora, logra, despeja,
ambiciona, quiere, encanta,
abriga, suspira, anima.
Apega, reanima, protege,
excita, suaviza, apoya,
escuda, aboga, cobija.
Anexa, templa, aspira,
socorre, ensancha, ansia,
suma, considera, augura.
Anhela, valora, estima,
alienta, presagia, indulta,
aprecia, adapta, ama.
viernes, 3 de julio de 2009
FURIA (poema) de MABEL DÍAZ

Furia
La tormenta no espera
desata su furia
el viento grita con odio
algo que nunca
debió escucharse.
Luego intentará la lluvia
con denodado esfuerzo
sacarle el barro
a los recuerdos.
Si pudiera pintar el sol
en la densidad de las tinieblas
para no sentir el agobio
de ésta triste existencia.
Que bañe con su tibieza
algún rincón olvidado
y poder investirme
con la vida de otro pasado.
Mabel Díaz
ELLA BAILABA SOLA por CECILIA MUÑOZ
Ella bailaba sola cuando perdía la cabeza. No era por eso que todos los hombres se enamoraban. Sobre todo Rogelio, pobre Rogelio. Un día ya no supo hacer otra cosa más que rascarse la espalda con un palillo de madera. Y ella bailaba en la madera, y los tacones componían una música violenta, audaz y vacía. Sus ojos negros equivalían a dos cristales rotos por la impaciencia de no saber qué hacer un domingo por la tarde, ni un lunes por la mañana. El médico no estuvo mucho tiempo aquella noche, sólo el necesario para ayudarla a irse. Rogelio se acordaba de la primera vez que la vió, en una esquina, con un tapado de paño negro, medias cancanes y botas. La bufanda colorida que dejaba asomar solamente la nariz y los ojos de aquella joven mujer daba varias vueltas alrededor del cuello contracturado por el frío otoñal. Con el cigarrillo apagado en una mano y con la otra en el bolsillo no le pidió fuego, como él esperaba. Ese cigarrillo nunca lo encendió. Durante días y noches Rogelio intentó inventar su sonrisa, y la imaginaba radiante como la de una adolescente. Con el tiempo conoció sus lágrimas, y sus pesares, dolorosos pasares de una vida confusa. Ahora sólo recuerda el sonido de aquel zapateo, que retumba en su memoria como el motor de un auto encendido desde hace años. Ella no se va de su cabeza, y Dolores nunca lo olvidaría, de no ser porque ya estaba muerta. jueves, 2 de julio de 2009
miércoles, 1 de julio de 2009
ANTICIPANDONOS AL FESTIVAL DE LA POESÍA EN ROSARIO
DOLOR PROFUNDO (poema) ALBERTO AICARDI
DOLOR PROFUNDOMe asomo al abismo del pasado
y temo caer en la nostalgia
cuando goloso bebía de tu boca
las mieles que vos me regalabas.
Recuerdo nuestro amor entre las sábanas
con entrega total en cuerpo y alma.
Tu cuerpo, fuego incandescente,
quemaba el mío en loco galopar.
Tu ternura invadía mis entrañas
conmoviéndome hasta temblar.
Un día partiste detrás de un espejismo.
Estrenaste piel nueva para una vida nueva.
Hoy vienes compungida
pidiendo que disculpe
tu alocada carrera hacia el pecado.
No puedo olvidar el daño que me hiciste.
Ríos de lágrimas surcaron mi rostro.
No puedo perdonarte.
No por tu traición
sino por el profundo dolor
que nunca pude aplacar.
Alberto Aicardi
domingo, 28 de junio de 2009
SILENCIO ESTRIDENTE (poema) de PATRICIA TORRES
No entiendo a los días cuando no quieren hablarme.
Se resisten, empecinados en su postura
dejándome a la espera de sus sonidos.
Les cuestiono la indiferencia ante mis palabras.
No obtengo respuestas.
Tampoco entiendo el color de la luna
aparentando un baño de plata inexistente.
Me sumerjo en las aguas claras y mansas.
la busco debajo de ellas,
Es blanca, fría, muy dulce,
tiene gusto a vainilla y olor a canela,
miro hacia arriba y veo en ella un agujero,
es la huella que le produjo mi robo.
La luna lo exhibe, avergonzada.
Nadie, antes la había descubierto.
Quiere sostener su farsa,
la verdad que oculta es que
habita en el lecho del lago y se refleja en el cielo.
Los días en castigo a mi hallazgo
Entraré en el horizonte,
donde ellos nacen, junto al sol que se despereza.
Tal vez, si los atrapo en su somnolencia,
presten atención a mis palabras.
Jamás, revelaré el secreto de la luna,
ni el de los duendes de la lluvia
que pintan el cielo de siete colores cuando
Pero ellos deben hablarme,
no pueden seguir indiferentes a mi ruego.
No soy responsable de los descuidos de la luna
ni de la falta de atención
Los días sin sus sonidos
son para mí el peor de los martirios.
Detalle que han tenido en cuenta
al planificar mi castigo.
EL ÁNGEL DE LA MUERTE de MARCELA PROTO
El ángel de la muerteEl tránsito se encontraba acelerado en aquellos días donde todos deseaban ser más rápidos que el Dios Cronos. No había tiempo para detenerse, nadie escuchaba a nadie. Muchos gritaban para ser entendidos, pero la prisa era lo único importante en medio de tareas cotidianas, el ser eficientes, era importante.
Llegó a la esquina, trató de detenerse pero ya no pudo, el ángel de la muerte lo vino a buscar. Lo tomó y apareció en un lugar con el Dios Cronos no existía. Reflexionó, si allí era necesario correr, la voz del ángel le respondió: ya llegaste donde el único tiempo es la eternidad.
Marcela Proto
viernes, 26 de junio de 2009
miércoles, 24 de junio de 2009
EVASIÓN SIN AMARRAS (poema) DANIEL IFRÁN
sábado, 20 de junio de 2009
INVITACIÓN DE CLAUDIA
martes, 16 de junio de 2009
CRECIDO por NORMA SALINAS
Crecido río que viaja,
alforja de peregrino.
Espejo que a la deriva
lleva el cielo en su camino.
Tu voz, agua que es promesa
baña esperanzas curtidas
juncos y camalotales
susurran en las orillas.
Acompañando, los pájaros
besan las tardes dormidas,
meciéndose en el follaje
cuajando su trino en risa.
confiado silva el isleño
su serenata a la vida
dando gracias por el pan,
cosecha y pesca del día.
No anhela poder alguno,
sus metas son bien sencillas.
Que no nos falte el trabajo
Y la paz nos de alegría.
Norma Salinas
EL HOMBRE por NORMA SALINAS

El hombre madrugaba.
Ese día de abril, especialmente madrugaba.
Iba hasta la orilla y saltaba sobre la proa de la canoa dejando un abanico de agua que se extendía elevando miles de diminutas olas.
Bajaba los remos que dormían en cruz y los hundía en el río.
Las niñas ya estaban despiertas.
El hombre las llamaba con una señal de su mano y juntos bajaban hasta la embarcación.
Ellas subían sin hacer ruido y se acurrucaban en la planchada, mientras al avanzar río arriba comenzaban a formarse remolinos en el agua para dejar atrás una senda líquida.
El amanecer era fresco y los olores verdes.
Entonces el hombre comenzaba su relato.
Era el mismo repetido todos los años para la misma fecha y no por ello dejaba de ser interesante.
El hombre comenzaba con un largo silencio, para crear un clima de expectativa y respeto.
Y entonces fijando la mirada en el horizonte de sol brillante, hablaba en un tono suave.
El hombre era algo así como un anciano prematuro, con pocos años y mucha experiencia recogida.
El relato hablaba de la creación y de la Pascua; una versión de la Biblia, con ciertos argumentos que se habían ido sumando con el transcurso del tiempo y las distintas interpretaciones familiares.
Las niñas por momentos contenían la respiración para no incurrir en una falta. Era demasiado sublime aquel día.
“Dios, había sido traicionado y muerto por su acérrimo enemigo. Entonces había que mantenerse en respetuoso silencio, no había que escuchar música ni bailar, ni comer demasiado, ni gritar, ni decir malas palabras, ni enojarse. Además era de rigor matar alguna alimaña, ellas simbolizaban al mal”.
El aire cobraba una magia que contenía al universo todo, la creación estaba manifiesta y ellas la reconocían en aquellas palabras.
Así transcurría gran parte de la mañana, con una fascinación que dormitaría en espera.
En el transcurso del viaje se adentraban en arroyos delgados, con sauces que bañaban su copa en las amorronadas aguas y allí se detenían para pescar algo, que sería luego el alimento, único y austero del día, así debía ser.
Al regresar la historia había dado un sesgo. Dios mañana resucitaría, el mal sería vencido un a vez más y con el lavado de cara y manos a las diez de la mañana la vida nuevamente sería un estreno.
El hombre satisfecho con la enseñanza impartida volvía remando sereno.
Ellas calladas, se sumían en reflexiones.
Al llegar, él acercaba la canoa al muelle y ayudaba a bajar a las niñas, para luego comenzar con sus tareas mínimas. Hoy solo se medita; decía.
Y todos los años, el mismo día, a la misma hora del amanece volvería a enseñar, a sembrar, acariciando con las palabras que habrían de sellarse en ellas para siempre como el Viernes Santo.
Entonces ellas lo miraban desde la orilla como se perdía a lo lejos entre el reflejo caprichoso del sol y el espejo dorado que se fundía sobre la canoa, y con la mano alzada saludaban.
A aquel hombre… su padre.
Norma Salinas
lunes, 15 de junio de 2009
SIN ESPERANZAS (poema) de MARTA H. DÍAZ

Para escapar del abismo
tuve que pasar valles, montañas.
Y encontré un bello paisaje
multicolor de flores, todo distinto
a la realidad que yo imaginaba.
Sorprendida lentamente pensé cuál
es la verdad de mi vida. Silenciosamente
pensaba sin pensar, quería divisar
el más allá pero si no podía descifrar
el presente, aún menos el futuro, sólo
mi conciencia no me traicionaba
estaba firme sobre la tierra y eso me
hacía más fuerte y valiente.
Lentamente seleccioné cosa por cosa y la
más segura, bella, satisfactoria era estudiar
literatura y entender que todo cambia en la
vida, aún tu personalidad, todo está en ti
misma, valórate y valora lo bello que la vida
te regala minuto a minuto, no quieras
sobrepasar el tiempo de la inteligencia de la
mujer es ser uno mismo y recuperarás
los mejores espacios, personas y ganarás
una batalla, una guerra y millones de corazones
sinceros. Inténtalo, no te des por vencido
que cada camino que recorras florecerá
un sentimiento, una sonrisa y lejos de ti
quedará el mar de lágrimas
derramadas por no comprender que la
vida es hermosa, vívela, sé feliz.
MARTA H. DÍAZ
CONSTELACIONES DE ESTRELLAS (poema) de MARTA H. DÍAZ
Hay amigos que partieronhay amigos que emigraron
hay amigos que la vida
se ha encargado de llevar.
Hay amigos que actualmente
engalanan nuestras vidas
iluminan el sendero
que debemos transitar.
Una vida sin amigos
es un inmenso vacío
es una noche sin lucero
es un día sin amor.
El amigo del pasado
del presente o del futuro
ilumina nuestras vidas
como un faro en alta mar.
Los amigos son constelaciones
de estrellas que el señor
nos regala en la vida terrenal.
Valora a tus amigos
como el tesoro
más valioso de tu alma
sonríe que ellos te brindan
su cariño y amistad.
MARTA H. DÍAZ
domingo, 14 de junio de 2009
VISITA A LA ESCUELA ESPECIAL Nro.2050- Teresa de Calcuta-
miércoles, 10 de junio de 2009
EQUIPAJE (poema) de CRISTINA ZAMORA

Tomo mis cosas y salgo a caminar.
La noche se abre como un abrigo,
hago coronas del humo de mi cigarro
dejo crecer la noche en la ciudad
que duerme.
El viento vacía sus brisas en mí.
Creo que mi equipaje es de ceibo y jazmín,
pienso en tus ojos azules como el alba
sigo tus huellas tenues en las veredas mojadas
regadas por el rocío.
Voy buscando en mi memoria
tus manos y tu boca, que me acunan,
me queman y me cantan.
Cristina Zamora.
martes, 9 de junio de 2009
Artículo trasnochado, escrito sin ningún rigor científico, sin criterio y sin vergüenza- de DANIEL E. GRECO
(fragmentos del “Selecciones” del River Deepest)Fétidos olores
A Hugo Seletti
Con mi esposa, viajamos apresuradamente a Singapur con nuestras vestimentas que nos señalaban inconfundiblemente como turistas. Yo, con un ridículo sombrero de explorador de corcho, mi mujer, con una colorida capelina tejida de hilos de nylon.
Nos dirigimos a la orilla de un maloliente río y vimos a una pareja autóctona de edad indefinida, entre 25 y 74 años, pescando con red unos indeterminables especimenes. Antes de lanzar la red, vimos que la rociaban con un frasco aerosol que, con cada emisión, impregnaba el cálido aire matinal de un olor “flechero y azufrado a orine gatuno” mezclado con aguas servidas. Al inquirirle a la mujer por el producto, primero me miró sin comprender y después, entornando aún más de ser posible sus ya rasgados ojos, exclamó lacónica, imcomprensiblemnte:
- ¡Extlacto de ballena del olto!
Zamba de “ooptitejuoo”
Volviomos al hotel y, pretextando unos desarreglos estomacales, mi esposa se encerró bajo siete llaves en la habitación para no volver a emerger hasta la hora del crepúsculo. Yo me repatingué en un cómodo sillón del “lobby” del hotel a ojear unos ejemplares de “magazines” en varios idiomas desparramados sobre una mesita ratona, mientras me iba adormeciendo. Leí apresuradamente, a quemarropa, a bocajarro, un nombre en el título de uno de ellos. Me estaba quedando dormido. Pensé: “Es ella. ¡Claro! Por eso le imprimió a sus apariciones en algunas redes sociales de internet un paréntesis. Se está dedicando al folcklore. Luego leí mejor: “Melania Pérez”. Comencé a roncar.
Reciclaje desde la edad de piedra
Casi me despertó unas reyerta entre una señora y el conserje sobre una abultada boleta de gastos de hotel subrayada con un exorbitante ítem de “servicio a la habitación”. Con los ojos casi inintecionalmente abiertos fijé la vista sobre la ilustración de un artículo que mostraba unos leños (logs) rodando hacia un incierto derrotero y pensé, ya en la duermevela, “¡por fín un artículo de divulgación científica que explique el inusual principio de aceleración del Troncomóvil! Pero no; era un artículo sobre la fabricación del papel. Permanecí así dormido, con la revista puesta de sombrero, roncando con la boca abierta y una mano apoyada en la entrepierna hasta que se dignó despertarme un mozo del hotel, “cetrino, flexible y jacarandoso” para sugerirme que hiciera bajar a mi esposa para compartir la merienda.
lunes, 8 de junio de 2009
ATARDECER (poema) de CLAUDIA ACCOTTO

ATARDECER
Lentamente muere la tarde.
Me asomo al balcón para contemplar
El magnífico atardecer.
En el horizonte puedo ver
como el sol, en su agónica despedida
tiñe de rosas, violetas y naranjas
la bóveda celestial
envolviendo el paisaje con su aura
de colores.
Es como si se resistiera a marcharse,
como si no quisiera dejarnos a oscuras.
Desde el punto cardinal opuesto
se ve llegar, sin prisa, la noche
que despliega suavemente sobre la ciudad
su negra cabellera.
Sin embargo la oscuridad no es absoluta,
hoy se ha puesto de tocado
una brillante luna llena,
e infinitas estrellas salpican el cielo
como mil prendedores diminutos.
El sol que se marcha,
La luna que llega…
Por un mágico instante logran verse, saludarse.
Y el beso que el sol le envía
se plasma en el firmamento
justo al lado de ella
en forma de lucero.
Claudi@ Accotto.
lunes, 1 de junio de 2009
Cadáver exquisito- Trabajos seleccionados por votación- OJOS PARDOS - ALEJANDRA RIOS- 1er puesto
Ojos pardos
Tus ojos definen el modo de mirar las cosas
Dispersa un atardecer
un tren en marcha desde adentro
Atardeceres
y la boca abierta a la intemperie
Fuego
te da manzanas y acueductos sagrados
Hay un árbol trémulo y violeta
árbol de mecer y de la sombra
Una flor moja la epidermis
Resplandor una hoja fría o muerta
en la plaza sombra
Mirada
Ves a alguien que vive en el puente
entre las piedras y los hombres rodantes
De sus ojos sale agua
dentro de sueño
de ojo inmóvil
Perfumado arroyo
Suelto
Aura suave
El pasto también quiere decir algo.
PESADILLA - VICTOR GARCÍA - 2do puesto

Pesadilla
Atardecer en el submundo donde todo carece de color. Las personas nos miramos sin vernos.
Atardeceres gemelos, hasta el aire está ausente. Suena la sirena y la sangre se congela. Fuego que cubre el cielo y nubla en pensamiento. Estoy, soy y vivo. ¿¡Vivo!?
Se veía trémula, en un instante creí que cambiaría, pero su situación estaba acorde. El resplandor realmente cegaba. Nos corrimos de lugar, ya que las fibras volaban sin cesar.
¡Sombras y más sombras! Sombra la mía que imperturbable me sigue, aunque yo erguido, ella encorvada.
La flor ya no existe, la irrespirable atmosfera cegó su vida, ni lo sagrado perdura.
Calla la sirena, pero nada es calma. Me mira, pero mi mirada se estrangula en las tinieblas de sus ojos. Busco agua para limpiarle el rostro que se confunde entre la multitud.
Todo me parece un sueño, ya hoy, no sé si estoy despierto.
Donde estaban los perfumados jazmines brota el hediondo olor azufrado. El sol cambio su rumbo, se niega a pasar y el arroyo cursa en sus aguas un tumulto de calaveras.
Suelto mis pulmones con la esperanza de respirar, pero una seca tos me ensordece, y aunque perturbado veo el aura que la magnifica, por suerte ahora está.
No es ni una suave brisa, pero alcanza. El pasto es sólo una alfombra de cenizas que copia las pisadas de los futuros muertos.
Amor, paz, envidia, lujuria, ya nada tiene cabida, se perdió lo bueno, se perdió lo malo, ¡sólo incertidumbre!
CASTO EROTISMO - HUGO SELETTI - 3er puesto
Casto erotismoEso sí, ahora apareció tu fuego y la trémula sustancia no podrá drogarte, no podrá invadir tu amor y negarlo. Tu vuelo sólo será placer y el resplandor de tus ojos se reflejará en la obsoleta posesión de lo fálico, aunque lleguen conos de sombra para que tus fibras cubran el mantel de la historia loca de tus congéneres y la sombra de la locura llegue hasta la puerta de tu pasado y esa flor que pende de tu imaginación, no tiene color, sólo tiene el aroma que me recuerda a mi primer amor. Aunque parezca sagrado, es parte del mundo real no soñado que transcurre en un camino lleno de espinas y voluntades.
Tu mirada clavada en el horizonte, alivia mi espíritu y tus ojos llevan esa mirada de ternura y, lujuriosos ellos, llegan a copiar el instinto del moribundo perdido en la oscuridad de la mezquindad.
Agua junto a tu saliva de no saber esperar, se te hace pesado el destino y el futuro de tus seres querido y de tus sueños perdidos en el fin del mundo, perfumados de fétidos olores de ese arroyo que corre por el medio de tu vida y tu locura está suelta junto a mi alma maldita y bendecida por el diablo. El aura de la locura llega al fin, se evapora suave, alegre sin llegar a bañar de sudor a nadie. El pasto cubre tu pudencia llena de lujuria y pasión desenfrenada.
Presentación del libro de los talleres de editorial Dunken
Posando todos los coordinadores de los Talleres literarios que integraron este nuevo libro.
La mañana del domingo 3 de mayo, se encontró en la explanada de la biblioteca el grupo de literarios que marcharía hacia
Una vez ubicados en sus respectivos lugares y acomodados todos los bártulos, emprendieron el viaje de cuatro horas durante el cual, con buena música de fondo, compartieron unos ricos mates y galletitas. A mitad de camino, se organizó un almuerzo a la canasta donde se pudieron degustar sandwichitos varios y las exquisitas pizzas caseras de Marta.
Ansioso y entusiasmado, el contingente rosarino representante del taller literario “Los Lanzallamas” arribó a la feria pasado el medio día. Luego de varias horas dedicadas a recorrer los stands, aprovechar algunas ofertas y sacar fotos, llego el momento de la gran presentación del Libro de los Talleres publicado por
Con un ejemplar en mano cada uno, marcharon orgullosos hacia la puerta de ingreso donde los esperaba amablemente Eugenio. Durante el viaje de vuelta pararon a cenar en una cálida parrilla donde pudieron saborear un rico y abundante asado junto a unos infaltables vinos.
Ya en el minibús, algunos pasajeros intentaban dormir mientras dos alborotadas y divertidas mujeres bailaban y cantaban Reggaeton desde sus asientos. Entrada la madrugada llegaron a Rosario donde los esperaban las tediosas actividades del lunes por la mañana, las cuales no lograron quitarle la alegría y el buen sabor que les había dejado aquel viaje.
Relato del viaje a cargo de : Cecilia (Chechu) Muñoz y July Leiva
sábado, 11 de octubre de 2008
Yejida, por Liliana Savoia
Una ciudad de hojas de papel. Un caleidoscopio de letras, frases y metáforas.
Un laberinto de páginas delicadamente resistentes como la historia de los pueblos que no callan. Que dicen nunca más. Que no se olvidan de las promesas y la defienden con su vida, con sus entrañas.
Una ciudad fortaleza donde el dolor se hace música y se convierte la sangre en mil estrofas que cantan a coro las gaviotas con sus alas blancas.
Una ciudad de Derechos, donde nadie humilla al otro, se respetan las opiniones, donde no hay diferencias de clases y el pan no falta en la mesa de cada día.
La alcaldesa viste riguroso negro de pies a cabeza, llevando en su frente el orgullo de su joven viudez provocada si razón. Les juro que conmueve y da tristeza. Su casa como los de otros muchos habitantes es de áspero papel de diario y en sus paredes pueden leerse los titulares más escalofriantes que jamás se hubieran deseado leer.
Otras casas están construidas en papel de arroz, ambarinas y casi transparentes como las almas solidarias de los que habitan en ellas.
Nunca llueve y el clima es tan benévolo que una suave brisa acaricia días y noches lo que ayuda a sus habitantes a movilizarse porque nadie camina por las calles de Yejida sino que se colocan dos enormes alas de papel vegetal y así emprenden sus viajes cotidianos, volando como gaviotas de Norte a Sur y de Este a Oeste.
Para llegar a ella hay que atravesar una serpenteante muralla de libros. Miles, millones de libros rescatados y mutilados dan forma a los atalayas de Yejida, donde vigilantes, los ciudadanos rotan por turno las días para custodiar a la ciudad de posibles invasores.
Siempre están alerta de que puedan volver los oscuros señores de uniformes, aquellos que cabalgando caballos verdes y cantando himnos del Norte, siempre están ávidos de fogatas y de desapariciones.
miércoles, 10 de septiembre de 2008
El pasado, ese ahora por Daniel Ifrán
Niego, pero sigo ahí. Huyo, igual me posee. Esos gritos, súplicas que nadie escuchó. Primero el engaño, luego el secuestro, resultó fácil. Viejos anhelos se convierten en realidad, resultante del goteo constante de horas perseverantes cuyo resultado es… asomarse al pasado y curarlo, enmendarlo, vengarlo, reírse hasta vomitar en su cara.
Camino lento, circunvalo al hombre sentado a la fuerza en la silla, atado de pies y manos, ojos tapados, oídos abiertos como recomienda la vieja usanza, es necesario escuchar. El condenado no habla, ¿para qué? Tampoco se queja, comprende la falta; para algunos, el pecado. Sigo girando lento, paso tras paso, camino somnoliento, brazos hacia atrás, manos apenas enganchadas por dedos sobre la espalda a la altura de la cintura. El sol como centro, reminiscencias de aztecas, ahí está en su silla eléctrica, emitiendo un calor abrazador, soporífero, asqueroso. Despidiendo rayos, ondas, magnetismo, explotando; metiéndose en mí, traspasando todo a su paso. Sin embargo, girando a su influjo. Bajo a escucharme, no puedo precisar si transcurrieron horas o minutos, por momentos hablo o insulto, maldigo… Basta, el final se acerca.
Años viviendo esto, que todo siga su curso, que transcurra lo previsto.
Paso por atrás del tipo, rondo su espalda, bajo el cono de su sombra, el estilete envenenado, emponzoñado por miles de manos se hunden en su nuca… Hijo de mil putas…
No saltó ni derramó sangre, solo lo necesario. Minutos después, la cabeza cuelga hacia delante… Las ratas del sótano terminarán la tarea. Al cerrar la puerta del galpón creí tener palpitaciones, al doblar la esquina del barrio las presunciones de un tenue malestar se diluyeron, ¿seguiré teniendo sueños?
De ahora en más, los mirarán de otra manera “a ésos” atadores al desnudo sobre camas sin colchón.
Los días transcurren con normalidad…




