viernes, 3 de julio de 2009

FURIA (poema) de MABEL DÍAZ


Furia

La tormenta no espera
desata su furia
el viento grita con odio
algo que nunca
debió escucharse.

Luego intentará la lluvia
con denodado esfuerzo
sacarle el barro
a los recuerdos.

Si pudiera pintar el sol
en la densidad de las tinieblas
para no sentir el agobio
de ésta triste existencia.

Que bañe con su tibieza
algún rincón olvidado
y poder investirme
con la vida de otro pasado.

Mabel Díaz

ELLA BAILABA SOLA por CECILIA MUÑOZ

Ella bailaba sola cuando perdía la cabeza. No era por eso que todos los hombres se enamoraban. Sobre todo Rogelio, pobre Rogelio. Un día ya no supo hacer otra cosa más que rascarse la espalda con un palillo de madera. Y ella bailaba en la madera, y los tacones componían una música violenta, audaz y vacía. Sus ojos negros equivalían a dos cristales rotos por la impaciencia de no saber qué hacer un domingo por la tarde, ni un lunes por la mañana. El médico no estuvo mucho tiempo aquella noche, sólo el necesario para ayudarla a irse. Rogelio se acordaba de la primera vez que la vió, en una esquina, con un tapado de paño negro, medias cancanes y botas. La bufanda colorida que dejaba asomar solamente la nariz y los ojos de aquella joven mujer daba varias vueltas alrededor del cuello contracturado por el frío otoñal. Con el cigarrillo apagado en una mano y con la otra en el bolsillo no le pidió fuego, como él esperaba. Ese cigarrillo nunca lo encendió. Durante días y noches Rogelio intentó inventar su sonrisa, y la imaginaba radiante como la de una adolescente. Con el tiempo conoció sus lágrimas, y sus pesares, dolorosos pasares de una vida confusa. Ahora sólo recuerda el sonido de aquel zapateo, que retumba en su memoria como el motor de un auto encendido desde hace años. Ella no se va de su cabeza, y Dolores nunca lo olvidaría, de no ser porque ya estaba muerta.
CECILIA MUÑOZ

miércoles, 1 de julio de 2009

ANTICIPANDONOS AL FESTIVAL DE LA POESÍA EN ROSARIO
















Anticipándonos a la semana del Festival de la Poesía en la ciudad de Rosario que será en el mes de setiembre, nos reunimos en el Distrito Noroeste (Junín y Pcias Unidas) el día sábado 27 de junio a las 16hs, para compartir un encuentro de lecturas con los Talleres literarios Municipales del Cine Lumiere y del citado distrito, coordinados por la profesora Marcela Prósperi.

DOLOR PROFUNDO (poema) ALBERTO AICARDI

DOLOR PROFUNDO

Me asomo al abismo del pasado
y temo caer en la nostalgia
cuando goloso bebía de tu boca
las mieles que vos me regalabas.

Recuerdo nuestro amor entre las sábanas
con entrega total en cuerpo y alma.
Tu cuerpo, fuego incandescente,
quemaba el mío en loco galopar.

Tu ternura invadía mis entrañas
conmoviéndome hasta temblar.
Un día partiste detrás de un espejismo.
Estrenaste piel nueva para una vida nueva.

Hoy vienes compungida
pidiendo que disculpe
tu alocada carrera hacia el pecado.

No puedo olvidar el daño que me hiciste.
Ríos de lágrimas surcaron mi rostro.
No puedo perdonarte.
No por tu traición
sino por el profundo dolor
que nunca pude aplacar.

Alberto Aicardi

domingo, 28 de junio de 2009

SILENCIO ESTRIDENTE (poema) de PATRICIA TORRES





Silencio estridente

No entiendo a los días cuando no quieren hablarme.
Se resisten, empecinados en su postura
dejándome a la espera de sus sonidos.
Les cuestiono la indiferencia ante mis palabras.
No obtengo respuestas.
Tampoco entiendo el color de la luna
cuando se refleja en el lago
aparentando un baño de plata inexistente.
Me sumerjo en las aguas claras y mansas.
la busco debajo de ellas,
la encuentro y le robo un pedazo.
Es blanca, fría, muy dulce,
tiene gusto a vainilla y olor a canela,
miro hacia arriba y veo en ella un agujero,
es la huella que le produjo mi robo.
La luna lo exhibe, avergonzada.
Nadie, antes la había descubierto.
Quiere sostener su farsa,
pero me convertí en su cómplice:
la verdad que oculta es que
habita en el lecho del lago y se refleja en el cielo.
Los días en castigo a mi hallazgo
se niegan a hablarme.
Entraré en el horizonte,
donde ellos nacen, junto al sol que se despereza.
Tal vez, si los atrapo en su somnolencia,
presten atención a mis palabras.
Jamás, revelaré el secreto de la luna,
ni el de los duendes de la lluvia
que pintan el cielo de siete colores cuando
el sol los desaloja.
Pero ellos deben hablarme,
no pueden seguir indiferentes a mi ruego.
No soy responsable de los descuidos de la luna
ni de la falta de atención
de los guardianes del arco iris.
Los días sin sus sonidos
son para mí el peor de los martirios.
Detalle que han tenido en cuenta
al planificar mi castigo.

Patricia Torres



EL ÁNGEL DE LA MUERTE de MARCELA PROTO

El ángel de la muerte
El tránsito se encontraba acelerado en aquellos días donde todos deseaban ser más rápidos que el Dios Cronos. No había tiempo para detenerse, nadie escuchaba a nadie. Muchos gritaban para ser entendidos, pero la prisa era lo único importante en medio de tareas cotidianas, el ser eficientes, era importante.
Llegó a la esquina, trató de detenerse pero ya no pudo, el ángel de la muerte lo vino a buscar. Lo tomó y apareció en un lugar con el Dios Cronos no existía. Reflexionó, si allí era necesario correr, la voz del ángel le respondió: ya llegaste donde el único tiempo es la eternidad.

Marcela Proto

miércoles, 24 de junio de 2009

EVASIÓN SIN AMARRAS (poema) DANIEL IFRÁN

Espero tu mensaje impaciente.
Sólo unos dígitos para hablarte.
Te imagino... en pollerita, escribiendo,
bronce tus piernas.
Cruzando la calle, pantalones ajustados.
Imagino... tomando un café en un ignoto bar,
mirando desde una ventana, al pasado,
este presente, mirándonos.
Quiero que me llames.
Camino cargado, sin peso aparente.
Hereje culposo.
Rodo, el caballero gallardo, ahora sin armaduras.
Rescátame de tediosas tardes inútiles, tardes responsables
Llámame... pacto sin tinta, horizontes o ataduras.
Inventemos otros amores.
Intuyo... que sabes volar.
Daniel Ifrán

sábado, 20 de junio de 2009

INVITACIÓN DE CLAUDIA


Nuestra compañera Claudia Accotto participará en el ciclo de lecturas Poetas del Tercer Mundo. Me pidió colocar en este espacio la invitación para todos ya que le gustaría compartir con nosotros este momento tan especial
Lunes 21/6. 21 Hs.
Tercer Mundo Rioja 1089

martes, 16 de junio de 2009

CRECIDO por NORMA SALINAS




Crecido río que viaja,
alforja de peregrino.
Espejo que a la deriva
lleva el cielo en su camino.

Tu voz, agua que es promesa
baña esperanzas curtidas
juncos y camalotales
susurran en las orillas.

Acompañando, los pájaros
besan las tardes dormidas,
meciéndose en el follaje
cuajando su trino en risa.

confiado silva el isleño
su serenata a la vida
dando gracias por el pan,
cosecha y pesca del día.

No anhela poder alguno,
sus metas son bien sencillas.
Que no nos falte el trabajo
Y la paz nos de alegría.



Norma Salinas

EL HOMBRE por NORMA SALINAS


El hombre madrugaba.
Ese día de abril, especialmente madrugaba.
Iba hasta la orilla y saltaba sobre la proa de la canoa dejando un abanico de agua que se extendía elevando miles de diminutas olas.
Bajaba los remos que dormían en cruz y los hundía en el río.
Las niñas ya estaban despiertas.
El hombre las llamaba con una señal de su mano y juntos bajaban hasta la embarcación.
Ellas subían sin hacer ruido y se acurrucaban en la planchada, mientras al avanzar río arriba comenzaban a formarse remolinos en el agua para dejar atrás una senda líquida.
El amanecer era fresco y los olores verdes.
Entonces el hombre comenzaba su relato.
Era el mismo repetido todos los años para la misma fecha y no por ello dejaba de ser interesante.
El hombre comenzaba con un largo silencio, para crear un clima de expectativa y respeto.
Y entonces fijando la mirada en el horizonte de sol brillante, hablaba en un tono suave.
El hombre era algo así como un anciano prematuro, con pocos años y mucha experiencia recogida.
El relato hablaba de la creación y de la Pascua; una versión de la Biblia, con ciertos argumentos que se habían ido sumando con el transcurso del tiempo y las distintas interpretaciones familiares.
Las niñas por momentos contenían la respiración para no incurrir en una falta. Era demasiado sublime aquel día.
“Dios, había sido traicionado y muerto por su acérrimo enemigo. Entonces había que mantenerse en respetuoso silencio, no había que escuchar música ni bailar, ni comer demasiado, ni gritar, ni decir malas palabras, ni enojarse. Además era de rigor matar alguna alimaña, ellas simbolizaban al mal”.
El aire cobraba una magia que contenía al universo todo, la creación estaba manifiesta y ellas la reconocían en aquellas palabras.
Así transcurría gran parte de la mañana, con una fascinación que dormitaría en espera.
En el transcurso del viaje se adentraban en arroyos delgados, con sauces que bañaban su copa en las amorronadas aguas y allí se detenían para pescar algo, que sería luego el alimento, único y austero del día, así debía ser.
Al regresar la historia había dado un sesgo. Dios mañana resucitaría, el mal sería vencido un a vez más y con el lavado de cara y manos a las diez de la mañana la vida nuevamente sería un estreno.
El hombre satisfecho con la enseñanza impartida volvía remando sereno.
Ellas calladas, se sumían en reflexiones.
Al llegar, él acercaba la canoa al muelle y ayudaba a bajar a las niñas, para luego comenzar con sus tareas mínimas. Hoy solo se medita; decía.
Y todos los años, el mismo día, a la misma hora del amanece volvería a enseñar, a sembrar, acariciando con las palabras que habrían de sellarse en ellas para siempre como el Viernes Santo.
Entonces ellas lo miraban desde la orilla como se perdía a lo lejos entre el reflejo caprichoso del sol y el espejo dorado que se fundía sobre la canoa, y con la mano alzada saludaban.
A aquel hombre… su padre.

Norma Salinas

lunes, 15 de junio de 2009

SIN ESPERANZAS (poema) de MARTA H. DÍAZ



Para escapar del abismo
tuve que pasar valles, montañas.
Y encontré un bello paisaje
multicolor de flores, todo distinto
a la realidad que yo imaginaba.
Sorprendida lentamente pensé cuál
es la verdad de mi vida. Silenciosamente
pensaba sin pensar, quería divisar
el más allá pero si no podía descifrar
el presente, aún menos el futuro, sólo
mi conciencia no me traicionaba
estaba firme sobre la tierra y eso me
hacía más fuerte y valiente.
Lentamente seleccioné cosa por cosa y la
más segura, bella, satisfactoria era estudiar
literatura y entender que todo cambia en la
vida, aún tu personalidad, todo está en ti
misma, valórate y valora lo bello que la vida
te regala minuto a minuto, no quieras
sobrepasar el tiempo de la inteligencia de la
mujer es ser uno mismo y recuperarás
los mejores espacios, personas y ganarás
una batalla, una guerra y millones de corazones
sinceros. Inténtalo, no te des por vencido
que cada camino que recorras florecerá
un sentimiento, una sonrisa y lejos de ti
quedará el mar de lágrimas
derramadas por no comprender que la
vida es hermosa, vívela, sé feliz.

MARTA H. DÍAZ

CONSTELACIONES DE ESTRELLAS (poema) de MARTA H. DÍAZ

Hay amigos que partieron
hay amigos que emigraron
hay amigos que la vida
se ha encargado de llevar.
Hay amigos que actualmente
engalanan nuestras vidas
iluminan el sendero
que debemos transitar.
Una vida sin amigos
es un inmenso vacío
es una noche sin lucero
es un día sin amor.
El amigo del pasado
del presente o del futuro
ilumina nuestras vidas
como un faro en alta mar.
Los amigos son constelaciones
de estrellas que el señor
nos regala en la vida terrenal.
Valora a tus amigos
como el tesoro
más valioso de tu alma
sonríe que ellos te brindan
su cariño y amistad.
MARTA H. DÍAZ

domingo, 14 de junio de 2009

VISITA A LA ESCUELA ESPECIAL Nro.2050- Teresa de Calcuta-

































El jueves 11 de junio fuimos invitados por los directivos de la Escuela Especial Nro.2050 Teresa de Calcuta (Pcias Unidas y Fraga) a participar de una lectura para el Taller del Cuento.
Arribamos a las 14hs. Eran de la partida: Marta Lastra, Alejandra Rios, Cecilia Jacobo, Mabel Díaz, Marcela Proto, Patricia Torres, nuestro Profesor y coordinador del Taller: Fabricio Simeoni y quien esta narrando este evento.
Luego de algunas palabras dedicadas a explicar como funciona nuestro taller por parte de Fabri, se dialogo con las maestras y sus alumnos, contándonos como llevan a cabo la tarea en el taller del cuento que funciona en dicha escuela.
Compartimos con ellos una serie de cuentos preparados para la ocasion, leidos por Marcela, Marta, y Patricia, quien a su vez introdujo un personaje anónimo (un perro de peluche) que además de ser el protagonista del cuento, se quedó con ellos para ser la mascota del taller, teniendo los chicos a su cargo la elección del nombre.
Uno de los niños nos narró un cuento y regalaron al taller una carpeta conteniendo dibujos que habian trabajado desde el aréa de plástica, ilustrando el mismo.
Además Fabri recibio como obsequio personal un afiche que fué confeccionado por los chicos con trozos de recortes de cuentos.
Terminada la lectura, compartimos con todos ellos una rica merienda.
Queremos destacar la amabilidad, cortesía y buena predisposicion de todo el personal del colegio, asi como del cariño que nos brindaron los niños en todo momento.
Una vez más como en otras ocasiones en que el taller participo de lecturas en los colegios, valoramos el trabajo que hacen las maestras para introducir a los niños al mágico mundo literario.
Felicitaciones a la Sra. Directora y a todo el personal.

miércoles, 10 de junio de 2009

EQUIPAJE (poema) de CRISTINA ZAMORA



EQUIPAJE

Tomo mis cosas y salgo a caminar.
La noche se abre como un abrigo,
hago coronas del humo de mi cigarro
dejo crecer la noche en la ciudad
que duerme.

El viento vacía sus brisas en mí.
Creo que mi equipaje es de ceibo y jazmín,
pienso en tus ojos azules como el alba
sigo tus huellas tenues en las veredas mojadas
regadas por el rocío.

Voy buscando en mi memoria
tus manos y tu boca, que me acunan,
me queman y me cantan.

Cristina Zamora.

martes, 9 de junio de 2009

Artículo trasnochado, escrito sin ningún rigor científico, sin criterio y sin vergüenza- de DANIEL E. GRECO

(fragmentos del “Selecciones” del River Deepest)

Fétidos olores
A Hugo Seletti

Con mi esposa, viajamos apresuradamente a Singapur con nuestras vestimentas que nos señalaban inconfundiblemente como turistas. Yo, con un ridículo sombrero de explorador de corcho, mi mujer, con una colorida capelina tejida de hilos de nylon.
Nos dirigimos a la orilla de un maloliente río y vimos a una pareja autóctona de edad indefinida, entre 25 y 74 años, pescando con red unos indeterminables especimenes. Antes de lanzar la red, vimos que la rociaban con un frasco aerosol que, con cada emisión, impregnaba el cálido aire matinal de un olor “flechero y azufrado a orine gatuno” mezclado con aguas servidas. Al inquirirle a la mujer por el producto, primero me miró sin comprender y después, entornando aún más de ser posible sus ya rasgados ojos, exclamó lacónica, imcomprensiblemnte:
- ¡Extlacto de ballena del olto!

Zamba de “ooptitejuoo”

Volviomos al hotel y, pretextando unos desarreglos estomacales, mi esposa se encerró bajo siete llaves en la habitación para no volver a emerger hasta la hora del crepúsculo. Yo me repatingué en un cómodo sillón del “lobby” del hotel a ojear unos ejemplares de “magazines” en varios idiomas desparramados sobre una mesita ratona, mientras me iba adormeciendo. Leí apresuradamente, a quemarropa, a bocajarro, un nombre en el título de uno de ellos. Me estaba quedando dormido. Pensé: “Es ella. ¡Claro! Por eso le imprimió a sus apariciones en algunas redes sociales de internet un paréntesis. Se está dedicando al folcklore. Luego leí mejor: “Melania Pérez”. Comencé a roncar.

Reciclaje desde la edad de piedra

Casi me despertó unas reyerta entre una señora y el conserje sobre una abultada boleta de gastos de hotel subrayada con un exorbitante ítem de “servicio a la habitación”. Con los ojos casi inintecionalmente abiertos fijé la vista sobre la ilustración de un artículo que mostraba unos leños (logs) rodando hacia un incierto derrotero y pensé, ya en la duermevela, “¡por fín un artículo de divulgación científica que explique el inusual principio de aceleración del Troncomóvil! Pero no; era un artículo sobre la fabricación del papel. Permanecí así dormido, con la revista puesta de sombrero, roncando con la boca abierta y una mano apoyada en la entrepierna hasta que se dignó despertarme un mozo del hotel, “cetrino, flexible y jacarandoso” para sugerirme que hiciera bajar a mi esposa para compartir la merienda.

lunes, 8 de junio de 2009

ATARDECER (poema) de CLAUDIA ACCOTTO


ATARDECER

Lentamente muere la tarde.
Me asomo al balcón para contemplar
El magnífico atardecer.

En el horizonte puedo ver
como el sol, en su agónica despedida
tiñe de rosas, violetas y naranjas
la bóveda celestial
envolviendo el paisaje con su aura
de colores.

Es como si se resistiera a marcharse,
como si no quisiera dejarnos a oscuras.
Desde el punto cardinal opuesto
se ve llegar, sin prisa, la noche
que despliega suavemente sobre la ciudad
su negra cabellera.

Sin embargo la oscuridad no es absoluta,
hoy se ha puesto de tocado
una brillante luna llena,
e infinitas estrellas salpican el cielo
como mil prendedores diminutos.

El sol que se marcha,
La luna que llega…
Por un mágico instante logran verse, saludarse.
Y el beso que el sol le envía
se plasma en el firmamento
justo al lado de ella
en forma de lucero.

Claudi@ Accotto.

lunes, 1 de junio de 2009

Cadáver exquisito- Trabajos seleccionados por votación- OJOS PARDOS - ALEJANDRA RIOS- 1er puesto


Ojos pardos


Tus ojos definen el modo de mirar las cosas

Dispersa un atardecer

un tren en marcha desde adentro

Atardeceres

y la boca abierta a la intemperie

Fuego

te da manzanas y acueductos sagrados

Hay un árbol trémulo y violeta

árbol de mecer y de la sombra

Una flor moja la epidermis

Resplandor una hoja fría o muerta

en la plaza sombra

Mirada

Ves a alguien que vive en el puente

entre las piedras y los hombres rodantes

De sus ojos sale agua

dentro de sueño

de ojo inmóvil

Perfumado arroyo

Suelto

Aura suave

El pasto también quiere decir algo.

Alejandra Rios


PESADILLA - VICTOR GARCÍA - 2do puesto



Pesadilla

Atardecer en el submundo donde todo carece de color. Las personas nos miramos sin vernos.
Atardeceres gemelos, hasta el aire está ausente. Suena la sirena y la sangre se congela. Fuego que cubre el cielo y nubla en pensamiento. Estoy, soy y vivo. ¿¡Vivo!?
Se veía trémula, en un instante creí que cambiaría, pero su situación estaba acorde. El resplandor realmente cegaba. Nos corrimos de lugar, ya que las fibras volaban sin cesar.
¡Sombras y más sombras! Sombra la mía que imperturbable me sigue, aunque yo erguido, ella encorvada.
La flor ya no existe, la irrespirable atmosfera cegó su vida, ni lo sagrado perdura.
Calla la sirena, pero nada es calma. Me mira, pero mi mirada se estrangula en las tinieblas de sus ojos. Busco agua para limpiarle el rostro que se confunde entre la multitud.
Todo me parece un sueño, ya hoy, no sé si estoy despierto.
Donde estaban los perfumados jazmines brota el hediondo olor azufrado. El sol cambio su rumbo, se niega a pasar y el arroyo cursa en sus aguas un tumulto de calaveras.
Suelto mis pulmones con la esperanza de respirar, pero una seca tos me ensordece, y aunque perturbado veo el aura que la magnifica, por suerte ahora está.
No es ni una suave brisa, pero alcanza. El pasto es sólo una alfombra de cenizas que copia las pisadas de los futuros muertos.
Amor, paz, envidia, lujuria, ya nada tiene cabida, se perdió lo bueno, se perdió lo malo, ¡sólo incertidumbre!
Tus cosas -me dijo ella-están permitiendo que no muera, me quitaron el miedo-continuo- déjame en éste momento me aferre a vos. Ya no está dispersa entre el gentío, juntos a pesar de todo. Sólo espero que amanezca al fin.
Victor García

CASTO EROTISMO - HUGO SELETTI - 3er puesto

Casto erotismo

Tus deseos sobrepasan el límite de mi necesidad. Quiero llegar a tu ser inanimado y descargar mi pasión, aunque ella es dispersa para la tuya, tómala, gózala y aunque te llegue el atardecer olvídalo, que éste sólo te adormece, y se suman todos los atardeceres que te acontecen, ignóralos que ya no podrán doblegar tu pasión.
Eso sí, ahora apareció tu fuego y la trémula sustancia no podrá drogarte, no podrá invadir tu amor y negarlo. Tu vuelo sólo será placer y el resplandor de tus ojos se reflejará en la obsoleta posesión de lo fálico, aunque lleguen conos de sombra para que tus fibras cubran el mantel de la historia loca de tus congéneres y la sombra de la locura llegue hasta la puerta de tu pasado y esa flor que pende de tu imaginación, no tiene color, sólo tiene el aroma que me recuerda a mi primer amor. Aunque parezca sagrado, es parte del mundo real no soñado que transcurre en un camino lleno de espinas y voluntades.
Tu mirada clavada en el horizonte, alivia mi espíritu y tus ojos llevan esa mirada de ternura y, lujuriosos ellos, llegan a copiar el instinto del moribundo perdido en la oscuridad de la mezquindad.
Agua junto a tu saliva de no saber esperar, se te hace pesado el destino y el futuro de tus seres querido y de tus sueños perdidos en el fin del mundo, perfumados de fétidos olores de ese arroyo que corre por el medio de tu vida y tu locura está suelta junto a mi alma maldita y bendecida por el diablo. El aura de la locura llega al fin, se evapora suave, alegre sin llegar a bañar de sudor a nadie. El pasto cubre tu pudencia llena de lujuria y pasión desenfrenada.
Hugo Seletti

Presentación del libro de los talleres de editorial Dunken











La presencia de la escritora Maria Granata, galardonó el evento.


Posando todos los coordinadores de los Talleres literarios que integraron este nuevo libro.



La mañana del domingo 3 de mayo, se encontró en la explanada de la biblioteca el grupo de literarios que marcharía hacia la Feria del Libro en Buenos Aires. Algunas caras de sueño y otras trasnochadas esperaban ansiosas la trafic junto a un arsenal de bolsos, botellas, heladeritas, kits de mates, tapers y tapersitos. Tras unos minutos de espera llegaron Fabricio y Renato en un cómodo minibús conducido por Eugenio.

Una vez ubicados en sus respectivos lugares y acomodados todos los bártulos, emprendieron el viaje de cuatro horas durante el cual, con buena música de fondo, compartieron unos ricos mates y galletitas. A mitad de camino, se organizó un almuerzo a la canasta donde se pudieron degustar sandwichitos varios y las exquisitas pizzas caseras de Marta.

Ansioso y entusiasmado, el contingente rosarino representante del taller literario “Los Lanzallamas” arribó a la feria pasado el medio día. Luego de varias horas dedicadas a recorrer los stands, aprovechar algunas ofertas y sacar fotos, llego el momento de la gran presentación del Libro de los Talleres publicado por la Editorial Dunken. En esta edición, y por segunda vez, varias producciones inéditas de algunos integrantes del taller fueron dadas a conocer en un pintoresco volumen. La charla presentación llevada a cabo y avalada por la famosa escritora María Granata fue emotiva y cautivante, al igual que el recibimiento por parte de Fabricio y sus palabras de agradecimiento hacia la editorial y hacia sus alumnos.

Con un ejemplar en mano cada uno, marcharon orgullosos hacia la puerta de ingreso donde los esperaba amablemente Eugenio. Durante el viaje de vuelta pararon a cenar en una cálida parrilla donde pudieron saborear un rico y abundante asado junto a unos infaltables vinos.

Ya en el minibús, algunos pasajeros intentaban dormir mientras dos alborotadas y divertidas mujeres bailaban y cantaban Reggaeton desde sus asientos. Entrada la madrugada llegaron a Rosario donde los esperaban las tediosas actividades del lunes por la mañana, las cuales no lograron quitarle la alegría y el buen sabor que les había dejado aquel viaje.

Relato del viaje a cargo de : Cecilia (Chechu) Muñoz y July Leiva


sábado, 11 de octubre de 2008

Yejida, por Liliana Savoia


El crudo aroma de la tinta fresca me trae a la memoria a Yejida.
Una ciudad de hojas de papel. Un caleidoscopio de letras, frases y metáforas.
Un laberinto de páginas delicadamente resistentes como la historia de los pueblos que no callan. Que dicen nunca más. Que no se olvidan de las promesas y la defienden con su vida, con sus entrañas.
Una ciudad fortaleza donde el dolor se hace música y se convierte la sangre en mil estrofas que cantan a coro las gaviotas con sus alas blancas.
Una ciudad de Derechos, donde nadie humilla al otro, se respetan las opiniones, donde no hay diferencias de clases y el pan no falta en la mesa de cada día.
La alcaldesa viste riguroso negro de pies a cabeza, llevando en su frente el orgullo de su joven viudez provocada si razón. Les juro que conmueve y da tristeza. Su casa como los de otros muchos habitantes es de áspero papel de diario y en sus paredes pueden leerse los titulares más escalofriantes que jamás se hubieran deseado leer.
Otras casas están construidas en papel de arroz, ambarinas y casi transparentes como las almas solidarias de los que habitan en ellas.
Nunca llueve y el clima es tan benévolo que una suave brisa acaricia días y noches lo que ayuda a sus habitantes a movilizarse porque nadie camina por las calles de Yejida sino que se colocan dos enormes alas de papel vegetal y así emprenden sus viajes cotidianos, volando como gaviotas de Norte a Sur y de Este a Oeste.
Para llegar a ella hay que atravesar una serpenteante muralla de libros. Miles, millones de libros rescatados y mutilados dan forma a los atalayas de Yejida, donde vigilantes, los ciudadanos rotan por turno las días para custodiar a la ciudad de posibles invasores.
Siempre están alerta de que puedan volver los oscuros señores de uniformes, aquellos que cabalgando caballos verdes y cantando himnos del Norte, siempre están ávidos de fogatas y de desapariciones.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

El pasado, ese ahora por Daniel Ifrán

No comencé esta guerra, pero estoy en ella. Si es que fui llevado a ese, o este infierno, no lo sé. Espanto al despertar sudoroso, malditos aullidos constantes, saltos sobre la cama, mirada llorosa hacia la nada, sin respiro, acosado por noches gélidas, sumergido en angustias interminables.
Niego, pero sigo ahí. Huyo, igual me posee. Esos gritos, súplicas que nadie escuchó. Primero el engaño, luego el secuestro, resultó fácil. Viejos anhelos se convierten en realidad, resultante del goteo constante de horas perseverantes cuyo resultado es… asomarse al pasado y curarlo, enmendarlo, vengarlo, reírse hasta vomitar en su cara.
Camino lento, circunvalo al hombre sentado a la fuerza en la silla, atado de pies y manos, ojos tapados, oídos abiertos como recomienda la vieja usanza, es necesario escuchar. El condenado no habla, ¿para qué? Tampoco se queja, comprende la falta; para algunos, el pecado. Sigo girando lento, paso tras paso, camino somnoliento, brazos hacia atrás, manos apenas enganchadas por dedos sobre la espalda a la altura de la cintura. El sol como centro, reminiscencias de aztecas, ahí está en su silla eléctrica, emitiendo un calor abrazador, soporífero, asqueroso. Despidiendo rayos, ondas, magnetismo, explotando; metiéndose en mí, traspasando todo a su paso. Sin embargo, girando a su influjo. Bajo a escucharme, no puedo precisar si transcurrieron horas o minutos, por momentos hablo o insulto, maldigo… Basta, el final se acerca.
Años viviendo esto, que todo siga su curso, que transcurra lo previsto.
Paso por atrás del tipo, rondo su espalda, bajo el cono de su sombra, el estilete envenenado, emponzoñado por miles de manos se hunden en su nuca… Hijo de mil putas…
No saltó ni derramó sangre, solo lo necesario. Minutos después, la cabeza cuelga hacia delante… Las ratas del sótano terminarán la tarea. Al cerrar la puerta del galpón creí tener palpitaciones, al doblar la esquina del barrio las presunciones de un tenue malestar se diluyeron, ¿seguiré teniendo sueños?
De ahora en más, los mirarán de otra manera “a ésos” atadores al desnudo sobre camas sin colchón.
Los días transcurren con normalidad…

viernes, 22 de agosto de 2008

Parodia del taller, por Daniel Seisas


¿La verdad? Estaba nervioso. Porque, si bien, uno va para aprender, algo tiene que saber. Si vos le preguntás a alguien: “¿Querés aprender danza árabe?” O… ¿Qué se yo?: ”¿Querés aprender guitarra?” Te contesta: “¡Noo! ¡Si soy de madera!” o “¡No! Si no sé nada”. Y vos le contestás: “¡Pero si vas a aprender, nadie nació sabiendo!” Yo lo digo de la boca para afuera, porque cuando iba a empezar en el taller literario me preocupaba porque, en realidad, yo, de literatura,… muy poco. Leí bastante, sí, pero todo… ¿Qué se yo?... no es para un taller literario. Por ejemplo, de chico leía las revistas de Patoruzú, Isidoro, Afanancio… ¡Lupin! Ahí te enseñaban a hacer cosas… aviones de aeromodelismo… me gustaba leer revistas o libros que te enseñaban a hacer cosas. También leí novelas… ¡Bah! El Tony, Dartagnan… me gustaba Pepe Sánchez. Pero, libros de esos que son de literatura… ¿Qué se yo?... Borges, Cortazar, Gabriel García Márquez… casi nada; algo había leído en la escuela.
Así que… no podía pasar por bruto, algo tenía que saber, por si me preguntaban… si hablaban de algún tema… Yo había leído una vez… ¡Estaba bueno!... que los géneros literarios no son algo fijo, que hay… variantes… por ejemplo, no podés decir: “Esto es un cuento fantástico”… así, afirmarlo como quien dice: “Hoy es lunes”; no, puede ser otra cosa… ¿Qué se yo? No se me ocurre ahora, pero no es algo tan así. A diferencia de la palabra género de la biología, que si sos perro, son perros vos, tu padre, tu abuelo y tu tataranieto. Un individuo no modifica al género, sino que se va modificando a través de siglos. En cambio, en la literatura es diferente; por ahí, si alguien escribe algo que escapa a todo molde, y que los críticos se devanan los sesos para tratar de encuadrarlo, y que esa obra está buena y tiene éxito; forma, de por sí, un género. Y habrá escritores noveles que tratarán de imitarlo, y… ¡Estaba bueno! Así que me lo aprendí. Lo leí bastantes veces para que me quede. Casi de memoria, porque yo, cuando me pongo nervioso medio que tartamudeo; así que me lo aprendí para decirlo de corrido si daba la conversación. Para no quedar como que no sé nada.
El sábado que empecé, me acuerdo, no pasaba nunca el colectivo; y no quería llegar tarde. Porque cuando llegás tarde, todos te miran, vos saludás… y todos te miran… y te da un poco de… pero… ¡Seis menos cuarto llegué! Ya estaban todos, hablando. Yo dije, despacito, “buenas tardes”, un poco con timidez, y sonreí, como para no caer antipático; pero no quise sonreír mucho, no fuera cosa que pensaran que, encima que era la primera vez, llegaba tarde y no me importaba. Quise explicar que el colectivo no venía nunca, pero no pude. Fabricio me presentó. Un montón de anteojos me dijeron: “hola”. Todos usaban anteojos. Menos yo. Y me acordé que hacía mucho que no iba al oculista… en realidad, nunca había ido. Pero nunca había tenido problemas, ni siquiera un cansancio. Y pensé que iban a pensar que si no tenía ni siquiera cansancio en la vista sería porque mucho no había leído en mi vida. Y yo había leído bastante. Claro que no… Borges, Cortazar, Gabriel García Márquez. No. Yo había leído muchos de esos de autoayuda que le dicen… “Cómo ganar amigos e influir sobre las personas”… ”Acaricie el éxito” … o “Autocirugía de meniscos”… “El vendedor más grande del mundo”… o “Mastúrbese usted mismo”… ¿Qué sé yo?... ¡Tantos! Pero si yo decía eso se me iban a reír.
Ya eran las seis. Y todos hablaban. En algún momento me iban a mirar o me iban a preguntar algo. Yo le iba a buscar la vuelta para hablar de lo que sabía, para no quedar mal. Y hablaban de Faulkner y qué sé yo… quería saber como se escribía para buscar algo por internet, pero no me animaba a preguntar. Y por ahí leía otro, y se ponía otros anteojos encima de los que ya tenía…
Yo me lo había aprendido bien… “los géneros literarios no son rígidos como los géneros de la biología”… y después eso de que si nacés perro, tus nietos serán perros, y de que si uno escribe algo que no encaja en un género literario…
A las seis y media… me di cuenta de la hora porque en un momento hablaban todos juntos y no se entendía nada y justo miré para arriba y ahí había un reloj de esfera blanca y agujas negras y lo rojita que avanzaba ahí… tac, tac, tac… y ahí pensé: “¡Mirá si pasa la hora y no puedo decir nada!”
Yo lo miraba atentamente a Fabricio a ver si me dirigía algún comentario. Y tenía una señora con anteojos al lado mío que me cuchicheaba algo… ¿Qué sé yo qué me decía? Yo por las dudas le sonreía para no quedar mal.
Y se hicieron las siete menos cuarto…
Y empezaron a hablar de poesía minimalista y qué sé yo…
A las siete menos cinco esa agujita roja, que avanzaba implacable, me anunciaba que dentro de un rato iba a ser más tarde. Yo sin lentes. Iban a pensar que no había leído nada en la puta vida. Me tensioné como un gato que espera a un ratón para darle el zarpazo, así cuando hicieran un silencio, ya no cuando viniera el tema, cuando hicieran un silencio, una pausita, ahí empezaba a hablar yo, sin tartamudear, para demostrar que si no usaba lentes, no era porque no había leído mucho, sino porque había llevado una vida sana, en contacto con la naturaleza, como los animales, como los perros… que son nietos de perros. No aguanté más. Di una palmada fuerte sobre la mesa y me paré. Se cayó la silla y se hizo un silencio. Solo reverberaba el estallido del respaldo contra el piso. Me miraron todos los anteojos, y mirándolos a todos y a uno por uno les dije: “Si nacés perro, sos hijo de perro y nieto de perro. No como los escritores que son famosos porque… no son como los perros”.
Giré hacia la izquierda, que era hacia donde estaba la puerta y… empezaron a aplaudirme. Volví en contragiro y seguí hacia la derecha, que era donde había caído la silla. La acomodé, me senté y escuché que algunos decían que era interesante lo que había dicho, porque el despojo que hacía de todo recurso estaba emparentado con la corriente minimalista.
El lunes siguiente saqué turno con el oculista porque, de vez en cuando, es bueno hacerse un chequeo general.

domingo, 10 de agosto de 2008

Me asusta la jaula que se come al pájaro, por Alejandra Ríos


Una jaula, un pájaro
Cien jaulas, cientos de pájaros
Un millón doscientos veinte mil pájaros enjaulados
Millones de pájaros en jaulas

Allá va otro, otro pájaro
Hay dos más que vuelan
Cerca de mi cabeza
Van cantando
me asusta la jaula que se come al pájaro
ahí viene otra jaula
arrastrando el ala
bajo el sol de la tarde
viene trayendo, o llevándose
otro mas, otro pájaro

queda uno
y trina
alegre trino
es un trino de amor
libre
el púber
canta
mañana habrá caído
en la vieja costumbre
del rubro clasificados

yo conocí varios
varios pájaros
que bromeaban entre sí
a ver a ver quien vuela mas alto
y, se cagaban de la risa
también conozco la jaula
amante de esos pájaros
es una jaula redonda
golosa como el mundo
la puerta de su boca
da al cuarto
donde la loba tritura la carne
para el lobito.

martes, 5 de agosto de 2008

El jardín, por Cecilia Muñoz




El jardín desea ser visto. Tiene una fuente donde el agua no deja ver su ancestral transparencia. No hay flores, en su lugar muchas plantas verdes intentan una unidad cromática aunque sin lograrlo. Una estatua se erige con vitalidad en el centro, tan sin vida que parece observarnos en su eterna belleza sin ojos. En el jardín que deseo ver hay hadas que no se muestran y nos murmuran al oído que allí están, con su aleteo fugaz dicen que nunca estamos solos realmente.
El jardín está encantado. Nosotros estamos fascinados con su encanto, de tal forma que esta fascinación hace que algo en él nos resulte casi abominable, sin que podamos abandonarlo en la soledad de lo inexistente. Allí hace un frío apacible que nos provoca un sentimiento incierto pero indudablemente presente. Son los pájaros los que vuelan al ritmo de las mujeres aladas y sin nombre, y cuando posan en cualquier parte su belleza nos resulta exagerada.
El jardín suena a violín. Su placentera armonía puede escucharse a medida que avanzamos entre las plantas, cuando sin querer nos enredamos en un laberinto que nos llega a los tobillos y así y todo no podemos evitar el placer de perdernos en él por un buen rato.
El jardín tiene un secreto innato: quizás no existe. Pero como no queremos hablar mas de él, para verlo necesitamos, al menos, (d)escribirlo.

domingo, 6 de julio de 2008

El paraíso, por Mercedes Lamas


Se dio cuenta de que su vida entera había sido una huida. Una huida de sí misma. No quería ser convencional. No quería ser igual a las demás. Aquellas señoras gordas o anoréxicas que tanto le fastidiaban; ocupadas tan sólo de las apariencias, del qué dirán, de sus pobres hijos y en último lugar el no menos pobre marido, al que había que tener siempre limpito y bien planchadito si no quería ser criticada, especialmente por la familia política.
Tampoco quería parecerse a esas mujeres liberales que de liberales sólo poseían el aspecto ya que tras de ellas siempre había un hombre que pagaba sus cuentas en boutiques carísimas.
No. Decididamente no era ella una liberal ni feminista. Era tan sólo una mujer que intentaba ser feliz. Pero lograrlo no era tan fácil ya que ella misma comenzaba negándose posibilidades.
Como si se tratase de un juego de azar, pensaba que no tenía en su haber el número o color que cambiase su destino.
Siempre dejaba que los hechos sucedieran. Ella no ayudaba nunca a modificar ese destino.
Tenía su cuarto un vestidor, revestidas sus paredes en madera de pino. Cierta vez le pareció escuchar voces humanas conversar. Pensó que eso no podía suceder no obstante había días en los que permanecía horas con el oído puesto en la pared del fondo del vestidor.
Cierta vez escuchó una música, que ella reconoció enseguida, pues no sólo se trataba de un tema conocido sino que además ella poseía un oído privilegiado. A veces escuchaba una voz áspera y cavernosa como la de Louis Armstrong, otras veces oía voces de mujeres. Las sentía felices. Reían y cantaban hasta ser casi inaudibles. Al principio creyó estar enloqueciendo . Así fue permaneciendo cada vez más tiempo en su cuarto.
Un día de lluvia comenzó su casi total encierro. Hacía frío. Cerró la ventana que daba al jardín y puso su oído derecho contra el fondo del vestidor. Escuchaba atentamente. Una pareja gemía de placer. Al principio sintió un poco de envidia. Quería amar. Necesitaba desesperadamente amar. Siempre había huido de los compromisos del amor. Sólo desnudaba su cuerpo. Era curioso ver cómo se excitaban los hombres con él. A ella la excitaban mucho más una espalda ancha, unas cejas tupidas, una mirada profunda. En sus relaciones había habido siempre sólo placer físico y nada más.
Ella quería ver las caras de los que gemían pues, con sólo mirarlas sabría si solamente estaban copulando o si en realidad se amaban.
Sabía que atrás de esa pared estaba lo que ella deseaba. Rompió las maderas del vestidor, rompió la pared de atrás y pasó al otro lado; la pareja salió corriendo. No pudo ver sus rostros, sólo sus cuerpos desnudos huyendo.
También vio una cascada y mucha vegetación. Pájaros de todos colores cantaban y embellecían aún más el lugar.
Se acordó del Paraíso terrenal, de Adán y Eva, del pecado original y de todo lo prohibido.
Dejó atrás su cuarto. Dejó atrás sus temores y fue hacia adelante, hacia su paraíso, sin mirar atrás. Su desaparición fue un misterio.
Todo estaba en orden. El vestidor estaba sano y un olor a bosque salía de él mientras una pluma amarilla yacía en el piso junto a unas hojas verdes...

domingo, 22 de junio de 2008

Perfil alucinante, por Alicia González

Ser mórbido de atribulada mente
que en noches de fúlgida luna
surgía desde cualquier sitio
y su reptar se convertía
en mil campanillas destempladas
y el aullar de los perros, laderos infaltables
sones dolientes que cruzaban el espacio
escalofríos despertaban en la gente
que hacían que hundieran sus cabezas
en almohadillares
que como tapones
atenuaban en los tímpanos esos aires
y siempre era una puerta la elegida
la de aquella niña
de esplendorosa imagen
que despertó sus sentimientos tempestuosos
y creyendo que eternamente la tendría
embalsamó su corazón
y la convirtió en pájaro.

domingo, 18 de mayo de 2008

DESDE ADENTRO (revista)

Escribimos siempre para alguien. Los otros aprueban o desaprueban lo escrito y componen nuestro mundo real frente a tanta inconsistencia.
Son como “sucursales” de uno mismo. Así se erige la construcción literaria inmersa en el espacio exterior “de uno mismo”, y entonces un taller es como un océano de naranjas pulposas desgajadas, que exprimidas en la tierra nos mancha.
Todo subyace bajo un título. Una palabra. Una frase. Espontáneo universo de los sueños. Espléndida maratón de las amarras. Recreo donde el alma expresa en libertad lo que la realidad diaria se empecina en ocultar. La expresión es una necesidad de todos, sólo que algunos encuentran el canal y otros se ahogan en sus propios talentos.
No hay vanidad ni afán de lucimiento, encontrar un camino de luz, quizás sueños de perpetuidad, esperanza de dejar alguna huella imborrable, orgasmo del espíritu.
Maravilloso mundo de letras que danzan en el pensamiento, una tras otra la mente las ordena concibiendo las palabras para gestar el verso que el cuerpo parirá, en poesía. Lugar donde la palabra dormida, sobre el papel, cobra vida propia.
Vibramos, transpiramos, planeamos, nadamos, pensamos…
Esta casa sin puertas ni ventanas, sin baños ni camas, sin cocinas ni empanadas, éste espacio es el habla. Habitamos en la literatura… esperando nacer.
Y en éste bastión está el adentro, reunión de imágenes auditivas, esclavizando el tiempo, quizás completando un libro de sucesos prodigiosos o en seducidas prosas de una verdadera tragedia como la de ésa bella flor que murió en primavera.


Descargar la Revista del Taller Literario